Falsas verdades

Weinberger desenmascara con una rara libertad de pensamiento y escritura algunas de las ideas erróneas de nuestra historia y cultura. Sabe evitar todos los vicios del mal ensayista y su punto fuerte es la ligereza dentro del rigor.

La Vanguardia, JUAN BUFILL, 06-02-2013

“Durante el medievo los esclavos en Europa son blancos. A los cristianos se les permite tener esclavos cristianos”. Estas frases, tomadas del ensayo que da título al libro, dan cuenta del estilo conciso y sustancial de Eliot Weinberger (Nueva York, 1949). Las cataratas es un libro necesario cuya lectura asombra y atrapa. Los once ensayos que ha seleccionado y traducido Aurelio Major combinan la narración histórica, la crítica literaria, cultural y política y la imaginación poética.

En el capítulo Las cataratas, Weinberger investiga los orígenes del racismo, recopila los mitos interesados, las mentiras despectivas y las ocurrencias disparatadas que más tarde se han empleado para legitimar el colonialismo, la práctica de la esclavitud con buena conciencia y genocidios como los perpetrados por los nazis y los hutus. Es un tema de fondo en más de un ensayo de este autor: la influencia de las ideas erróneas, amenudo xenófobas, en la cultura y en la historia y sus guerras. Cómo la ignorancia petulante atropella primero la verdad y a continuación a los países y las personas. Primero con palabras y luego con balas.

Otro ensayo espléndido es Rastros kármicos, una reflexión sobre el amor y el recuerdo que comienza con un pasaje de Proust y cuya semilla ausente sería la película Vértigo. Weinberger sabe evitar todos los vicios del mal ensayista: la pesadez alemana, el efectismo ingenioso o escaqueo a la francesa y el narcisismo cultural típicamente anglosajón. Sus puntos fuertes son precisamente la ligereza dentro del rigor, la profundidad y el compromiso con los temas que trata y la apertura hacia otros modos no occidentales de sentir y pensar la realidad. Se expresa mediante el collage filosófico, narrativo y poético, la enumeración de hechos, datos y citas que van componiendo un sentido sin necesidad de juicios y subrayados. Y no se inventa ningún dato, ni siquiera en el collage de citas delirantes llamado El sueño de la India, que refleja lo que en tiempos previos al viaje de Colón se decía sobre las Indias y sus habitantes: “Hay allí una raza de gente con un pie enorme y único, y cuando quieren descansar bajo el sol de mediodía se tienden de espaldas y elevan su pie como un parasol. Son grandes corredores”.

Se agradece su sentido del humor, visible en el siguiente ejemplo de impostura. He aquí las conclusiones a las que llegó, tras muchos cálculos, en el siglo XVII, un arzobispo que era irlandés, pero aspiraba a una precisión de reloj suizo: “El paraíso y la tierra fueron creados la noche del sábado 23 de octubre del año 4004 a. de C. (…) Noé y los animales entraron en el Arca el 7 de diciembre de 2349 a. de C. El 6 de mayo el Arca reposó en el monte Ararat y el 18 de diciembre, un jueves, ya fue posible salir”. ¡Un jueves…! Y todo un imperio británico concedió autoridad, durante un siglo, a ese ignorante seguro de sí mismo.

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