Las fiestas de los muertos
De cómo los sudamericanos organizan festejos para recaudar fondos y poder repatriar a sus difuntos
La Vanguardia, , 28-01-2013El alcohol corre despacio y con disimulo, con respeto, pero sigue corriendo, y lo hace con sentido, con la suavidad que le regala la música. Un tanto bebido resulta mucho más sencillo aflojar la cartera. Además, entre tragos todo es más soportable, más llevadero. Al final, a uno pues hasta se le van los pies.
Por ello Guadalupe Zambrana, de 42 años, hace ya un puñado de días que plantó las huchas de lata con el rostro de Yanine Álvarez, su hija, en un restaurante latino de l’Hospitalet de Llobregat. Necesita reunir los siete mil euros que cuesta repatriar el cadáver. Su hija contaba apenas veinte años.
Guadalupe pasó la noche anterior guisando. Para vender platos de comida a un par de euros. Esto es una kermés. Los bolivianos llaman a estas fiestas kermés. Los peruanos, polladas. Cada país sudamericano las bautiza como gusta. Ya no son una rareza aquí. Todo lo contrario. Cada vez son más habituales.
La crisis azota, se recrudece, y los sistemas de autoayuda ciudadana proliferan por doquier. Ahora los amigos, los vecinos, la gente, le echan una mano a uno para llegar hasta donde se llegaba solo. Ahora la solidaridad de las personas va mucho más allá que la de las administraciones.
“A nosotros eso de que nos quemen no nos gusta nada”, dijo la mujer compungida por el dolor, hace ya un puñado de días. “Para nosotros es muy importante poder despedirnos de los nuestros por última vez, cara a cara… Allá, en Bolivia, la familia también está organizando kermeses. A ver si entre todos reunimos el dinero…”.
El presidente de la Federación de Entidades Bolivianas en Barcelona, el periodista José Luis Villarroel, explica que allá en Sudamérica la gente recurre a estas fiestas de manera permanente.
Si los chavales de un colegio necesitan material deportivo para participar en alguna liga, si hace falta un barracón en una escuela, si acaso hay que asfaltar una calle…, pues la gente no espera que las administraciones resuelvan sus problemas, sino que se espabila, monta un sarao y recauda los fondos pertinentes.
La costumbre, prosigue Villarroel, no llegó a Catalunya con las primeras olas migratorias. Entonces los sudamericanos no eran más que individuos aislados. Ahora son una comunidad articulada, con sus puntos de encuentro y de transmisión de noticias, con lugares donde cualquiera puede enterarse de los problemas cotidianos de los demás, capaz de encarar las desgracias de sus miembros.
Aquí los sudamericanos no recaudan fondos para asfaltar las calles de su barrio. A este lado del charco, sostiene el representante de los bolivianos, las kermeses se celebran fundamentalmente para repatriar cadáveres, sobre todo ahora que todo el mundo anda mucho más achuchado.
A veces un accidente conmociona a toda la comunidad y atraviesa el charco, como fue el caso de aquel terrible y reciente incendio en un piso Sabadell en el que perecieron tres miembros de una familia boliviana. “Afortunadamente, los gobiernos de allá cada vez prestan más ayuda”.
Pero en otras ocasiones la resonancia apenas se deja oír. “Entonces los familiares dependen completamente de la comunidad –continúa Villarroel–. No suelen tener mucho tiempo. Lo habitual es que dispongan de un margen de unos veinte días. Más allá, el proceso se encarece. Nosotros, desde la federación, tratamos de echar una mano a las familias. En los últimos diez años hemos colaborado en al menos un centenar de kermeses”.
A veces todo resulta muy precipitado, muy improvisado. La primera kermés por Yanine, hace ya un puñado de días, no registró gran afluencia. La mataron complicaciones durante un parto. Ahora, su madre, Guadalupe, se hace cargo del recién nacido y de otra criatura de cinco años. “Por ello quiero regresar a mi país –lamentó la mujer–. Aquí no puedo trabajar y ocuparme de los pequeños. Necesito la ayuda de muchos familiares”.
uadalupe llegó a Catalunya en el 2005. Siempre trabajó en el servicio doméstico, sobre todo cuidando a personas mayores. Su última familia, “una familia catalana”, tras enterarse de la mala noticia, le regaló cinco litros de aceite y tres botellas de whisky. Para que las rifara en el kermés de su hija. A Guadalupe le faltan todavía 1.375 euros.
(Puede haber caducado)