Este musulmán es el primer marroquí que se dedica a esculpir figuritas del portal de Belén a pesar de las críticas que recibe de algunos vecinos
Un belenista en tierra del Islam
El Mundo, , 25-12-2012Músicos con darbukas o
panderetas ataviados con
sus pulcras chilaba, sabios
estudiosos del Corán y
otros personajes típicos
marroquíes se agolpan en
el colorido taller de Ahmed
Katari, a las afueras
de Rabat.
Todos moldeados por
sus manos, y desde hace
un tiempo también por las
de sus hermanos y su hijo.
«Somos una familia de artistas
». Si uno se fija bien,
pronto llaman la atención
entre todas sus creaciones
las réplicas del portal de
Belén que salpican sus estanterías.
«Empecé a hacerlos
hace unos años». A
pesar de las críticas de algunos
de sus vecinos. «Para
mí, se trata de escribir
historias; pero en lugar de
hacerlo con tinta lo hago
con la arcilla», explica Katari
con orgullo al tiempo
que asegura que es el primermarroquí
que esculpe
belenes. «No lo hago por
el dinero; lo hago porque
soy un artista y quiero dejar
algo de mi obra para el
futuro». Además, señala,
«no hago más de dos o
tres completos al día; dan
mucho trabajo, incluso los
más pequeños».
La historia del Belén
«es diferente en la Biblia y
en el Corán, y lo único que
hago es reproducir un pasaje
bíblico, el que cuenta
cómo María y José atravesaron
Israel a los lomos de
una mula para terminar
en el establo de una posada,
donde nació Jesús».
Algunos marroquíes se
preguntan «por qué hago
pequeñas figuras que representan
una escena que
para ellos no es cierta, pero
amíme gusta rebuscar
en historias de este tipo y
esculpirlas; ahora estoy investigando
la etapa musulmana
de Granada».
Incluso su padre, del
que heredó el oficio de alfarero,
le recomendaba no
esculpir figuras. «No está
bien visto, pero yo escondía
las cosas que iba haciendo
en algún rincón de
la casa, las cocía cuando
nadie se daba cuenta y
luego viajaba hasta Casablanca
para venderlas a
un comerciante».
Este año ha dado forma
a casi un centenar de belenes
y los ha vendido todos,
desde los más pequeños,
que vende a unos 150
dirhams (unos 13 euros) a
los más grandes, a 300
dirhams (26 euros). Aunque
tiene otros mucho
más elaborados.
Tras la afable sonrisa de
este marroquí que se declara
musulmán, trasluce
un discurso de tolerancia
hacia todas las religiones.
Lo demuestran un grupo
de tres figuras que se repite
mucho en su obra y que
representan a tres hombres
agarrados del brazo.
Uno porta una cruz cristiana
y los otros dos los símbolos
musulmán y judío.
«Estoy seguro de que
algún día el mundo vivirá
en paz y todos podremos
darnos la mano en armonía
», confía. Uno de sus
sueños. «Espero que no sólo de arcilla".
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