Atrapados 'sine die' en la terminal

Las Provincias, MANRIQUE C. SÁNCHEZ | ALICANTE., 20-01-2013

Los argelinos que han quedado atrapados en el puerto de Alicante como consecuencia del temporal de viento y lluvia siguen sin saber cuándo podrán viajar a su país. El desánimo y el cansancio ha comenzado a hacer mella en los que no tenían billete reservado, alrededor de un centenar, que llevan desde el pasado jueves en el muelle. Los pasajeros entienden que las condiciones meteorológicas, que mantienen cerrado el puerto de Orán, desde donde tiene que zarpar el ferri que ha de recogerlos, impide la navegación, pero se quejan de falta de atención por parte de la empresa consignataria y reclaman al menos unas mantas con las que guarecerse del frío.

«Han venido esta mañana unas personas de Cruz Roja pero se han dado una vuelta y se han marchado sin más», aseguraba ayer por la mañana uno de los afectados.

Mientras se desarrolla la conversación otros diez o doce inmigrantes rodean al periodista y al fotógrafo para exponerle sus problemas. La mayoría de pasajeros reside en distintas provincias de España, aunque también «han venido muchos de Francia y Bélgica», señalan.

Quienes tienen vivienda en lugares próximos como Murcia o Valencia han optado por regresar a la espera de noticias. En cambio, los que viven en Tarragona, Zaragoza, Navarra o Cuenca permanecerán en la terminal marítima hasta que puedan zarpar. «Decían que igual el lunes o el martes podríamos salir pero no es seguro», apunta un viajero.

Según los testimonios recabados por este periódico, el grueso de los afectados no dispone de dinero para pagarse un hotel; llevan lo justo para abonar el billete, los 483 euros que cuesta embarcarse con un vehículo. «No hay nada. En la recogida de la naranja están pagando solo 60 céntimos el cajón. Mis hijos y mi mujer están en Argelia porque aquí no tengo paro ni ayuda», comenta un hombre de 40 años.

Muchos de los pasajeros viajan solos con su coche. Cargan electrodomésticos, aparatos electrónicos y otro tipo de cachivaches para venderlos en su país y regresar después a España.

Uno de los inmigrantes advierte de que muchos compatriotas suyos desempleados se dedican a recoger chatarra para sacar algo de dinero. Algunos viajan con su familia, niños menores incluidos. Estos días duermen en el suelo, rodeados de enormes bolsas, o bien en sus coches. Pasan las horas de espera charlando y, a veces, ponen música, «un poco de marcha», afirma sonriendo un chico joven. «Hay dos chicas universitarias que no van a llegar a los exámenes», precisa Yacine.

Los afectados dicen estar un poco «nerviosos». Los que peor lo pasan son la «gente mayor» y los críos. «Queremos algo de ayuda, un poco de atención», reclaman. «Que no nos traigan comida, pero sí mantas, por favor». Entre tanto, siguen con preocupación por televisión las noticias que llegan de su país, el asalto perpetrado por un grupo terrorista a una planta de gas. Por su parte, los 250 pasajeros que tenían billete se alojan en pensiones y hoteles de la ciudad con los 40 euros por día de indemnización que les ha dado la naviera.

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