Cruzar la otra frontera
Jóvenes inmigrantes en situación de vulnerabilidad graban en vídeo su visión de la vida para transformarla
La Vanguardia, , 07-01-2013Violetta Onufriyeva, ucraniana de 20 años, es una de los 130 jóvenes que participan en el programa de vulnerabilidad social YouthMe, de la Fundació Pere Tarrés, y que han grabado en vídeo su visión de la vida, para transformarla.
Dragos Martin es un chico rumano de 18 años que ha cambiado de cabeza. Es él quien lo cuenta medio en broma medio en serio, en estos tiempos en que escasean las buenas noticias, Dragos está orgulloso de su “nueva cabeza” (metáfora que utiliza para explicar que le ha cambiado la vida por completo), que es la suya de siempre aunque él no la conocía a fondo y nadie se había preocupado antes de que lo hiciese.
Como Dragos y como Violetta Onufriyeva, 130 jóvenes de origen inmigrante en situación de vulnerabilidad social llevan ocho meses participando en el programa YouthMe que se realiza en cinco países de Europa y que en Catalunya lleva a cabo la Fundació Pere Tarrés. Mediante la utilización del vídeo estos chicos de entre 14 y 23 años se explican, plasman la realidad que perciben, critican la segregación, rompen los estereotipos sobre los inmigrantes y narran sus sueños. Primero se conocen a ellos mismos en un proceso de confianza en sus capacidades, para después darse a conocer y servir de guía a otros jóvenes. Los vídeos finales realizados en grupos que que se presentaron la semana pasada en el Macba son la culminación de este proyecto en el que han aprendido a cambiar para bien, y saberlo.
Violetta nació en Ucrania hace 20 años y a los cinco su madre se trasladó con ella y su hermano a Alemania. Poco después siguieron la búsqueda de un camino en Sevilla, donde estuvieron seis años hasta que llegaron al barrio del Raval de Barcelona. Acabó el bachillerato y no tenía demasiadas ganas de hacer nada aunque sabía que su actitud no era la buena. Algún canguro, algún trabajo de limpieza. Hoy explica que dos cosas que le han cambiado la vida: empezar el programa de YouthMe al que llegó desde el Casal dels Infants y leer Identida des asesinas de Amin Maalouf. “He encontrado la fuerza para hacer lo que quería, para utilizar mi capacidad, he visto el mundo de otra manera”, dice. Explica que se ha integrado en una sociedad por la que no se había preocupado y tiene clarísimo que quiere trabajar en esto, en ayudar a la integración de los inmigrantes y defender los derechos de las mujeres .
Lo que le sabe mal a Dragos es no tener el bachillerato, como Violetta, pero ahora lo volverá a intentar. Porque Dragos también ayuda a jóvenes como él, sean o no de origen inmigrante de la Fundación El Llindar de Cornellà, a buscar su camino. Y quiere dedicarse profesionalmente. Llegó a Catalunya hace tres años con sus padres, en el colegio no entendía nada, ni nadie se preocupó de que lo hiciese. Estaba asustado y decidió regresar él solo a Rumanía.
Pero allí las cosas tampoco le fueron bien y lo probó otra vez en Cornellà. Se le atragantó de nuevo el 4º de ESO por culpa del idioma pero el pasado mes de enero entró en El Llindar, empezó el programa YouthMe de la Fundació Pere Tarrés y se cambió de cabeza. “Nadie me había dicho que yo podía hacer cosas, que tenía capacidad, casi ni yo conocía mi voz y, un día, en una de las presentaciones en público, me puse a hablar, y ahora no paro”, explica.
Dragos es un crossworker, una persona resilente que ha superado sus dificultades y que hoy ayuda a los jóvenes que tienen la misma problemática. Este próximo año probará de nuevo entrar en el Bachillerato y ahora está seguro de que lo conseguirá. Su sueño es quedarse siempre en Catalunya y dedicarse profesionalmente a la integración social. Violetta, que está cursando un ciclo sobre esta especialidad, quiere viajar, conocer mundo y pasar temporadas largas en otros países. No es que la vida para estos jóvenes de origen inmigrante se haya vuelto en unos meses de color rosa. Violetta no tiene papeles, las dificultades siguen ahí, pero han dado un paso de gigante.
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