La extensión de Cáritas en la Encarnación duplica en solo dos años el número de usuarios
Diario Sur, , 06-01-2013La extensión que Cáritas tiene en la céntrica Parroquia marbellí de Nuestra Señora de la Encarnación atiende mensualmente a 150 usuarios, el doble que en 2010. Los nueve voluntarios que mueven el engranaje de esta labor tan encomiable como necesaria estudian caso por caso a fin de cubrir en la medida de lo posible las necesidades básicas de cada uno de los demandantes. Desde peticiones de vales de alimentos como legumbres o leche a dinero en metálico para pagar el alquiler o la luz. Las necesidades son variadas y están experimentando un crecimiento exponencial.
El por qué de este aumento hay que buscarlo en el azote del paro y su progresión imparable en la ciudad, lo que, al mismo tiempo, ha provocado una diversificación en el perfil de la persona que acude a solicitar ayuda a esta organización dependiente de la Iglesia Católica. Si tradicionalmente esta ONG suponía un pilar básico casi exclusivamente para inmigrantes sin recursos, ahora la sangría del desempleo ha empujado a familias oriundas de la localidad a aferrarse con reparos.
Independientemente de su nacionalidad la mayoría son mujeres, según apunta la responsable de Cáritas en la Encarnación, María del Carmen Prados, quien subraya que existe un perfil de usuario recurrente que se mueve entre los 45 y 50 años. «Si no hay trabajo para una persona joven mucho menos para aquellos que se mueven en este tramo de edad», señala. De hecho, no es raro que los usuarios se dirijan a Cáritas como si ésta fuera una oficina de empleo.
De las 150 personas que mensualmente llaman a su puerta, al menos una docena son nuevas caras, mientras crecen de «manera alarmante» los casos relacionados con desahucios.
Fidelización
Para los voluntarios de este Cáritas lo terrible de la situación, al margen de recibir peticiones que extralimitan su campo de acción, reside en la «fidelización» del usuario. «Cada mes vienen las mismas personas y vienen angustiadas», así lo explica el secretario Luis Ramírez, quien apunta que ya se acude a la sede de manera «sistemática» y no de forma puntual.
Los recortes aplicados sobre la población están poniendo a prueba cada día el trabajo y la cuenta corriente de la ONG que se nutre de las donaciones y las aportaciones de sus socios (130). En este sentido, Ramírez subraya que «la administración está dilatando mucho la tramitación de los expedientes de minusvalías y de ayudas, que se reducen drásticamente».
A día de hoy, la extensión de Cáritas en la Encarnación mantiene 400 expedientes vivos sin contar los transeúntes que reciben una asistencia puntual para comer o pernoctar, y cuyo caso se archiva. «Muchos son vagabundos, pero otros son gentes que vienen a buscar trabajo o quieren viajar gratis», denuncia Prados. ¿Cómo se diferencia el pícaro del necesitado? La experiencia es la mejor aliada.
Igualmente pasa con las personas que acuden con asiduidad: Junto a la necesidad también se incuba la pillería. «Tenemos que tener el corazón abierto y un ojito también para, en ocasiones, dejarnos engañar solo un poquitín», matiza el segundo de a bordo.
«A veces nos engañan claro que sí, entre otras cosas porque no somos detectives, estamos para ayudar», añade Prados. Nuevamente la veteranía juega un papel fundamental para discernir entre la precariedad y la cara dura. Ayuda en el cometido las visitas que realizan los voluntarios de Cáritas a las viviendas. «Vamos a visitarlos no para inspeccionarlos sino para detectar otras carencias que a veces no nos dicen», explica Prados.
La contrapartida que exigen estos ángeles de la guarda a las personas que asisten es que presenten una documentación mínima del SAE para saber si son destinatarios de algún tipo de ayuda, un certificado de empadronamiento o al menos un DNI.
Prados, con más de una década de experiencia a sus espaldas, asegura que son muchos los casos que le han marcado. Recientemente el de una joven paraguaya que tras enfermar y quedarse postrada en una silla de ruedas encontró el apoyo en Cáritas para reunirse con la familia en su país de origen. «Muchos de los problemas que te plantean son realmente dramáticos y es inevitable llevártelos a casa intentando buscar la mejor solución», dice. Afortunadamente algunos encuentran alivio solo con recibir un poco de atención. «En ocasiones escuchar es mejor que dar», afirma Prados.
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