Nochebuena multicultural en San Diego

La Verdad, JOSÉ ALBERTO GONZÁLEZ, 19-12-2012

Comensales, anoche durante la cena solidaria en la iglesia parroquial del Sagrado Corazón de Jesús, popularmente conocida como San Diego. :: ANTONIO GIL / AGM

«La convivencia del día a día el barrio es muy complicada, pero al menos hoy estamos todos unidos y compartimos la misma mesa. Don Joaquín siempre insiste en que debemos aparcar las diferencias, porque todos somos hijos del mismo Dios, y la verdad es que esta cena te hacen pensar. Deberíamos empezar por saludarnos cuando nos cruzamos por la calle», reflexionaba anoche Antonia Egea, de 42 años y en paro, a las puertas de la iglesia parroquial del Sagrado Corazón de Jesús (popularmente, San Diego), en el casco histórico de Cartagena.

La simbólica cena a la que se refería estaba a punto de empezar en el interior del templo, donde familias católicas y musulmanas se reunieron por tercer año consecutivo convocados por la parroquia y Cáritas para celebrar la Navidad.

La iniciativa, destinada a las familias de los niños del comedor infantil y los usuarios del Centro Social de Cáritas en la zona, fue una demostración de la realidad multiétnica, multicultural y multinacional del barrio y sobre todo del esfuerzo de atención social del voluntariado de Cáritas y la comunidad parroquial presidida por el sacerdote Joaquín Ferrando.

«El cura es una excelentísima persona. Hace un gran sacrificio para ayudar al barrio. Mucha gente paga recibos de la luz y el agua gracias a él y además dan de comer todos los días a mucho niños», contó Paqui Andreu, de 33 años y también desempleada.

«Feliz» por poder compartir la cena con sus hijos Naiara, Narciso y Alba, y con su amiga Paqui, como otros comensales se lamentaba de que la convocatoria dejara clara la difícil situación económica que sufren muchas personas.

«Yo he venido porque estoy sin trabajo, tengo dos hijos y me hace falta. Pero además es que don Joaquín hace mucho porque la gente del barrio nos llevemos bien y hoy es un día muy especial porque no importan ni las razas, ni los países ni las religiones», dijo María Luisa Iglesias mientras su pequeño se divertía en la plaza con un enjambre de chiquillos a la espera de que dieran las nueve.

Dieron las nueve en el reloj de la iglesia y los componentes de Cáritas, entre los que estaba Fernando Ibarra, lo tenían todo dispuesto en distintas mesas repartidas por las naves lateral y central.

El menú de una Nochebuena era un reflejo del espíritu sin fronteras de la cita: de entrantes, ensalada, langostinos, mejillones, pincho de tortilla y empanadilla de atún; de plato principal, pollo asado o medallones de merluza; y de postre, fruta del tiempo, dátiles, turrones variados, chocolates, bombones y dulces árabes.

Feligreses y componentes de Cáritas asistieron a unos 300 comensales (entre niños, jóvenes y adultos) en un «encuentro fraterno» que contó con la colaboración económica del Ayuntamiento a través de la Concejalía de Atención Social.

El mismo y único Dios

Con música religiosa de fondo, los invitados fueron tomando asiento, mientras Ferrando preparaba una bendición donde invocó a «Alá y Jesús, o el nombre que cada uno le ponga al mismo y único Dios que nos llama a fijarnos en lo que nos une y no en lo que nos separa».

Y Fernando Ibarra, cooperante de Cáritas, se mostraba satisfecho de dar su tiempo a personas de diversa procedencia y fe «porque la necesidad no entiende de creencias, y aún más en esta crisis económica, y porque damos testimonio del sentido cristiano de la Navidad: compartir con los demás».

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