«Es muy duro no poder darle de comer a tus hijos»
Diario Sur, , 14-12-2012Ayer en La Palma – Palmilla se respiraban aires de esperanza. El improvisado comedor social creado por los vecinos en una oficina cerrada de Unicaja – bautizado como Er Banco Güeno – ha conseguido que muchas las familias confíen en que hay luz al final del túnel. Al menos, quieren pensarlo y mirar al futuro con otros ojos. Niños de todas las edades, padres jóvenes sin trabajo e inmigrantes de varias nacionalidades rondaban ayer la puerta de la antigua sucursal aún con caras de sospresa y preguntando si era verdad que allí daban un plato de comida a quien lo necesite. Un sustento que para muchas de estas personas en riesgo de exclusión social es el único que les calienta el estómago una vez al día. Y es que detrás de las caras de ilusión y las miradas perdidas se esconden historias sobrecogedoras acentuadas por el azote de la crisis.
Radul protagoniza una de ellas. Es rumano, ronda los 40 años y tiene una vida de trabajo a sus espaldas, pero no en España, donde esperaba dar a sus familia un futuro mejor que no llega. Habla tranquilo y sonríe mientras come junto a sus seis hijos (de 12 a 2 años) un plato de macarrones con albóndigas, el menú que ayer ofreció Er Banco Güeno. No se avergüenza de pedir ayuda pero confiesa que para él vivir de la caridad supone un mal trago. «Es muy duro no tener nada para dar de comer a tus hijos, es lo peor que hay en la vida», lamenta.
Obrero y con su mujer en paro representa el perfil de la gran mayoría de usuarios del este comedor que se vuelca con los menores del barrio. «Hay mucha hambre y los niños son lo primero. Este barrio está olvidado por las instituciones, a ver si de una vez se preocupan por conocer caso por caso», decía Joaquín Bellido, que ayer ejercía de chef.
La labor de los voluntarios
Entre fogones recuerda lo importante que fue para él encontrar un hogar en La Casa de la Buena Vida, otro proyecto sin ánimo de lucro que trabaja contra la exclusión social en La Palmilla. «A mí me cambió la vida. Cuando las drogas me habían ganado la batalla y lo daba todo por perdido encontré una motivación para seguir adelante. Ahora estoy limpio y quiero ayudar a gente aportando mi granito de arena con esta labor. Hoy cocino, mañana limpio, el sábado vigilo…», comenta Joaquín. Junto a Betiana López, la otra voluntaria en la cocina, calmaron el apetito de más de 80 personas hasta las 16.30 horas, después llegaron los ‘tupper’. «Hay ancianos que no pueden bajar porque sus bloques no funciona el ascensor, así que nosotros le subimos la comida», dijo Betiana, una joven activista de Ciudad Jardín que desvela el problema de los pobres vergonzantes. «Cuesta decir que estamos en apuros, pero es eso o pasar hambre. El paro es la gran lacra de este barrio», afirma.
Particulares y comercios donaron ayer a Er Banco Güeno 40 sillas, mesas, frigorífico, congelados, frutas, yogures y pan.
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