El sueño de trabajar en el Principado de Mónaco se convierte en pesadilla
Las Provincias, , 25-11-2012Con el recrudecimiento de la crisis económica y la cada vez más larga cola de personas a las puertas de las oficinas del paro, no es de extrañar que hayan sido, precisamente, los desempleados los nuevos objetivos de las redes de estafadores.
Y es que estas organizaciones se aprovechan de la desesperación de personas a las que ya se le están acabando la prestación por desempleo o de los inmigrantes ilegales, que ni siquiera tienen derecho a una. A principios de año, de hecho, lograron timar en Castellón a 20 familias de la provincia con la promesa de un puesto de trabajo en el Principado de Mónaco, muy bien remunerado.
Uno de ellos, Francisco Rodríguez, fue quien se encargó de dar la voz de alarma ante los medios de comunicación, ante los que clamaba justicia. Encontró la oferta en un buscador de internet, como tantos otros, y en el peor de los momentos. Francisco es padre de familia y llevaba ya alrededor de tres años en el paro.
Meses y meses de entrevistas y trabajos temporales que terminaron con la promesa de un empleo en el sector de la construcción. Estaba en Mónaco pero, al menos, estaba muy bien remunerado: un sueldo de 2.600 euros mensuales.
Además, había muchas facilidades, puesto que por sólo 250 euros podían reservar ya alojamiento en un camping cercano a Italia y le daban una lista con las empresas a las que tenía que dirigirse para entregar su currículo y su documentación, aunque quienes les contrataban aseguraban que ya les habían dado todos los datos necesarios para ponerse a trabajar cuanto antes.
No fue el único que cayó en la trampa. Junto a la de Francisco otras 19 familias – todas de Vila – real y Castellón – ingresaron en la cuenta bancaria que les habían facilitado los 250 euros de la reserva, cogieron sus bártulos y se prepararon para el viaje.
El primer jarro de agua fría les cayó al atravesar las puertas del camping. Allí nadie sabía nada de aquellos emigrantes españoles que habían dejado su casa en busca de un modo de subsistencia.
«Nos dijeron que nadie había reservado nada, que sí que estuvieron preguntando, pero que no habían pagado la reserva», comentaba entonces Francisco. En las empresas a las que acudieron al día siguiente a preguntar, ya con la mosca detrás de la oreja, tres cuartos de lo mismo. No les conocían y no tenían ni idea de ninguna oferta laboral, por lo que ellos se volvieron a casa, sin trabajo, sin dinero y con una inmensa sensación de impotencia. Inmediatamente, denunciaron su caso a la Policía Nacional.
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