«Los incidentes se producen por culpa de unas minorías»
Las Provincias, , 21-11-2012Amparo Sánchez asegura ser presa del estrés. Los últimos días han sido frenéticos, aunque han culminado con su ascenso, otra vez haciendo historia, quebrando barreras, a la cúpula de la Comisión Islámica de España. Esta valenciana se ha convertido en el número dos del mayor estamento musulmán del país. «Estoy un poco asustada», admite como en una confesión. Pero en cuanto el diálogo fluye, su risa contagiosa regresa fiel a su rostro.
Es una pionera. Nunca una mujer había llegado tan alto en la España islámica. Pero no le gusta poner el acento en el género. «¿Se había visto antes a una mujer en la Comisión? No. Pues ya no hace falta decir mucho más», se limita a comentar. Pero sí se puede decir más. Como que Amparo, de 59 años, que se convirtió al Islam en 1996 al casarse con su marido, ya entró en la junta directiva del Centro Cultural Islámico en Valencia en 1998, y que fue subiendo peldaños sin cesar: secretaria, vicepresidenta y, finalmente, presidenta, la primera en conseguirlo en un centro islámico en España.
Ahora roza la cumbre del islamismo español. Otra motivación, otro reto, otro hito. «Ser el número dos implica mucho trabajo y responsabilidad. Voy a necesitar ayuda divina y humana», explica antes de estallar en una carcajada. Pero le gustan más los hechos que el simbolismo. «El sábado – el día que se postularon los aspirantes a los puestos de responsabilidad – fue una gozada. A pesar de las diferencias, de las posturas enfrentadas, fue la primera vez que estuvieron presentes todas las federaciones, además de todos los observadores que quisieron estar, y se pudo ver cómo la gente hablaba libremente y decía lo que le daba la gana. Eso fue una gran satisfacción».
Amparo Sánchez, a quien le cansa que se remarque su condición de mujer, también está harta de la distinción entre musulmanes autóctonos e inmigrantes. «Mounir Benjelloun – elegido presidente de la Comisión – es de origen marroquí, sí, pero tiene la nacionalidad española y tiene una empresa en Murcia desde hace años. O mi marido. Cuando dicen que es inmigrante, me enfado. Para mí son tan españoles como yo».
A lo que no renuncia es a su valencianía. «Mi madre es del barrio del Carmen y mi padre, de Xerea. Yo crecí cerca de la calle Sagunto, a donde se mudó mi familia después de la Riada del 57». Y como valenciana le preocupan las relaciones de los musulmanes con el resto de la sociedad. «Creo que van mucho mejor. Se está avanzando mucho gracias al trabajo de las ONG y otras plataformas. Aunque de vez en cuando surge algo como lo de Torrent – los vecinos no querían la mezquita – o lo de Onda – quemaron el templo – , los incidentes en la Comunitat son por las minorías, que están en todos los ámbitos. Y hay mucho más casos, lo que sucede es que no salen a la luz».
El tiempo puede ir limando las aristas. Cada día se gira menos gente al verla pasar con el ‘hiyab’ en la cabeza. Ella trabaja por la normalización. Por eso se moja. «Aunque estos cargos te cuestan trabajo, sacrificio y dinero. A veces me pregunto: ¿Por qué no te quedas en casa para hacer de maruja durante un tiempo?». Y vuelve a reír. El reto le impone, pero es feliz.
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