Una comida fraternal

una familia senegalesa estrecha lazos de amistad con otra de trintxerpe gracias a la iniciativa 'bizilagunak'

Diario de noticias de Gipuzkoa, donostia, jorge napal, 19-11-2012

nO le cabía la sonrisa en el rostro ayer a Modou Diague. Tampoco a su mujer. Parecían confirmar las expectativas que había generado el encuentro días atrás. Ya en la sobremesa, una vez rotos los formalismos y haciendo la digestión de un arroz con pescado que quitaba el hipo, este senegalés de 53 años y su esposa, Oulimata Tall, tuvieron ocasión de “arreglar el mundo”, entregados a una charla que se prolongó bien entrada la tarde en su domicilio de Pasaia. Compartían mantel con unos invitados muy especiales, dos amigos de Trintxerpe que no quisieron perderse la cita promovida por SOS Racismo.

El encuentro tuvo lugar al mismo tiempo en varios países europeos, y otros tantos municipios del territorio. Fueron más de 120 familias de inmigrantes y guipuzcoanos las que tuvieron ocasión de entregarse a un sano ejercicio de convivencia que a buen seguro se reeditará el próximo año.

“Está siendo una experiencia única”, confesaba una animadísima Raquel Álvarez, mientras a su hija Ekiñe, de dos años, comenzaba a vencerle el sueño. Senegal y Trintxerpe, al calor de la animada tertulia, también parecían fundirse en esos momentos en un abrazo fraterno. “Fíjate como está siendo la experiencia que ya hemos quedado para la semana que viene. Mi marido al final no ha podido venir. Tenía mucha ilusión, pero al final se ha quedado el pobre en la cama con otitis. Tenía mucha ilusión por participar de la experiencia pero no ha podido ser, de modo que ya tenemos excusa para vernos todos de nuevo la semana que viene”, decía agradecida Álvarez, con el asentimiento de Igon Ferreira, su amigo de Trintxerpe que le acompañaba.

Las familias no se conocían. No habían trabado contacto previamente. Y en eso consistió ayer precisamente la iniciativa Bizilagunak-La Familia de al Lado: romper esa barrera que frecuentemente se levanta entre vecinos que, a pesar de cruzarse a diario, viven como fantasmas, sin intercambio alguno de saludos.

Y para romper barreras, nada como sentarse a la mesa y entregarse a la conversación entre familias de orígenes diversos que tanto tienen que compartir. Se trata de una iniciativa que comenzó a ensayarse con éxito hace ya unos años en Chequia, en donde se calcula que prácticamente la mitad de las familias que participan del proyecto continúan viéndose pasado el tiempo.

encuentro cordial

Ni atisbo de tristeza

Con ese mismo objetivo, sentaron las bases ayer las dos familias citadas en Pasaia. “Desde un principio ha sido un encuentro muy sencillo, muy agradable. No nos conocíamos de nada pero no hemos parado de hablar de un montón de cuestiones, sobre todo de Senegal, de las frutas que tenemos, de la situación política, de tantas cosas…”, enumeraba Diague.

La tarde, ahí afuera, se consumía un tanto desapacible. Pero en el hogar de los Diague parecía reinar la convivencia, sin atisbo de esa sensación de tristeza y abatimiento que suele dejar a su paso la recta final de la semana. “Aquí seguimos, y esto va para rato. Tenemos muchas cosas de las que seguir hablando”, insistía Álvarerz a media tarde, convencida de que en estos tiempos de crisis, “o nos ayudamos entre todos, o aquí no hay nada que hacer”.

Maite Berradre suscribía al cien por cien las opiniones de la comensal. Esta mujer, integrante de SOS Racismo, también participó ayer en el encuentro, aunque desde otra perspectiva: como dinamizadora, algo así como la figura que tiende puentes entre ambas familias para que el encuentro sea pródigo en afectos. “A lo largo de la semana me he puesto en contacto con cada una de ellas, preguntándole por sus gustos culinarios, por sus aficiones, por todas aquellas cuestiones que faciliten la convivencia. Lo cierto es que puede parecer que no, pero nos entendemos mejor cuanto más parecidos somos”, confesaba la mujer, que trató de pasar a un segundo plano en cuanto vio que reinaba el entendimiento entre los comensales.

La cita de ayer, y tantas otras a lo largo y ancho del territorio, dejaba una moraleja para Beradre, que animaba a romper barreras y aprender de la experiencia vivida. “En cuanto tratas con la gente, con aquellos que parecen muy diferentes a nosotros, al final te das cuenta de que todos somos muy parecidos, de que nuestros sentimientos son siempre los mismos”.

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