La cuidadora de la anciana asesinada en Donostia entregó a su hijo a la Policía

La madre comenzó a sospechar de él y logró arrancarle la confesión El menor facilitóla identidadde los otros dos jóvenes implicados, ambos de 18 añosy nacionalidad nicaragüense

Diario Vasco, JAVIER PEÑALBA | SAN SEBASTIÁN, 16-11-2012

La operación que permitió el arresto de los tres jóvenes presuntamente implicados en el asesinato de Rogelia Chivite se desencadenó después de que la madre de uno de ellos acudiera a la Policía y manifestara que su hijo estaba implicado en los hechos. La mujer que desveló esta circunstancia era precisamente la persona que se ocupaba del cuidado de la víctima y quien la noche de autos, el pasado 10 de octubre, la encontró sin vida, en su domicilio del número 36 de la calle San Martín. A partir de esta declaración, la Unidad de Investigación Criminal de la Er-tzaintza puso en práctica un dispositivo que posibilitó, ya sin mayores complicaciones, el arresto del hijo de la mujer, un hondureño de 16 años. En las horas posteriores procedieron a la detención de los otros dos jóvenes que presuntamente tomaron parte en los hechos. Ambos tienen 18 años y son de nacionalidad nicaragüense, según han indicado fuentes cercanas al caso.
La Policía autonómica vasca ya había realizado diversas indagaciones en el entorno próximo a la mujer que cuidaba a la fallecida. Los agentes, tras descartar durante los primeros días otras hipótesis, habían centrado la investigación tanto en el entorno familiar de la víctima así como en el de la asistenta. Todas las hipótesis permanecieron en un principio abiertas.
El robo era el único móvil que manejaban los investigadores. La misma noche en la que Rogelia Chivite fue hallada muerta, la Ertzain-tza encontró en medio de la cocina unas maletas propiedad de la víctima que se encontraban rajadas, como si alguien hubiese querido hallar algo de valor en su interior. Era evidente que los autores buscaban dinero o joyas.
Según se ha podido saber en medios cercanos a la investigación, los arrestados se llevaron alhajas que más tarde vendieron en establecimientos de compraventa de objetos de segunda mano de la capital guipuzcoana.
Cruel maltrato
Los acusados accedieron al domicilio de la fallecida mediante el empleo de una llave, copia que realizaron de la que habitualmente utilizaba la cuidadora y que consiguieron a través del hijo de ésta. Los autores, posiblemente a través de informaciones obtenidas por la empleada de hogar, pensaron que en el interior de la vivienda la mujer guardaba mucho dinero.
Los autores sometieron a Rogelia Chivite, de 93 años de edad, a un cruel maltrato con la finalidad de que les dijese dónde guardaba los efectos de valor. Así cabe concluir del análisis de las lesiones que presentaba. Rogelia Chivite sufrió varios cortes con arma blanca en la zona del cuello así como en el abdomen. No obstante, ninguna de ellas era mortal. La lesión que acabó como la vida de la anciana fue causada por un brutal golpe que recibió en la zona de la cara.
Los investigadores no descartan que las heridas por arma blanca fueran realizadas con la única finalidad de arrancar a Rogelia Chivite una confesión sobre el lugar de la casa donde pudiera tener el dinero que buscaban.
Según fueron trascendiendo nuevos detalles de las circunstancias que habían rodeado la comisión del delito entre los allegados a la víctima, la persona que se ocupaba de su cuidado, de nacionalidad hondureña, comenzó a sospechar de su propio hijo de 16 años, dadas las relaciones que éste mantenía con otros jóvenes un tanto problemáticos. Fuentes consultadas definieron al chico como un «pandillero», que frecuentaba ambientes relacionados con grupos latinos que rayan la ilegalidad.
Tras varias conversaciones, la madre logró que su hijo admitiera su implicación en el homicidio y una vez obtuvo su confesión, el jueves de la semana pasada, puso los hechos en conocimiento del grupo de la Unidad de Investigación Criminal de la Ertzaintza.
El menor facilitó también la identidad de las otras dos personas que presuntamente participaron junto a él en la comisión del delito. A partir de ese momento, la detención de todos ellos no revistió mayor complicación.
La Ertzaintza da por resuelto el caso, si bien todavía tendrá que perfilar la investigación. Al parecer, las declaraciones de los tres arrestados son contradictorias y los agentes deberán establecer el rol de cada uno de los acusados en el asesinato. Asimismo, queda por saber si pudo intervenir alguna otra persona.
Los tres principales implicados se encuentran privados de libertad. El menor permanece ingresado en el centro de Zumarraga, en tanto que los dos jóvenes nicaragüenses mayores de edad fueron trasladados a la cárcel donostiarra de Martutene.

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