Un barrio renovado con viejos problemas

Las Provincias, TOMÁS RAMÍREZ FOTOGRAFÍA: DANI MADRIGAL | ALICANTE., 12-11-2012

Construido en la década de los años 60 del pasado siglo por el Patronato Francisco Franco, el que fue barrio de las Mil Viviendas, ahora denominado Virgen del Carmen, ofrece al visitante un aspecto nuevo, muy diferente al que presentaba a finales de los años 80, cuando el deterioro de las viviendas, la degradación del entorno y la situación de exclusión social de la población, en su mayoría de etnia gitana, le convirtió en un foco de marginalidad y delincuencia.

Una situación que hizo necesaria la intervención de la Administración pública que, tras declararlo barrio de acción preferente, acometió su renovación total en 1990. Para ello fue derruido casi por completo y levantado de nuevo por la Generalitat con ayudas del Ministerio de Vivienda y la intervención del Ayuntamiento, y se realojaron de nuevo en régimen de alquiler las familias de etnia gitana y otras que cumplían con los requisitos que se establecieron para la adjudicación de un piso.

Ahora es el Instituto Valenciano de la Vivienda (IVVSA) el propietario y gestor de este parque de viviendas que, varias décadas después, mantiene en gran medida los mismos problemas sociales de entonces. Situación que se ve acrecentada por la crisis económica, el bajo nivel de estudios y formación de los habitantes del barrio – 2.636 personas según el censo municipal del año pasado – , el alto índice de paro, que alcanza a casi toda la población, y también, según reconocen algunos vecinos, la droga.

Un paseo por la barriada ofrece imágenes que llaman la atención, como los montones de chatarra, cartones o muebles que se acumulan en los espacios abiertos que existen entre los bloques de casas y en los que se reúnen grupos de hombres que charlan en corrillos. Otros, en cambio, trapichean con mercancías en furgonetas que de puro viejas parecen que se van a caer en pedazos. Un equipo de empleados de la limpieza se afana en recoger todos los desperdicios y basura que se han acumulado en las calles y conversan con los grupos de payos y gitanos que se reúnen en un espacio abierto.

No lejos de este lugar, una familia está ocupada en preparar ristras de ajos para venderlos en bolsas en los mercadillos ambulantes. Juan Miguel Vargas e Isabel Dual, que sacan los ajos de una caja de cartón, afirman con resignación: «¡Hombre, tal como está la situación, de algo hay que vivir!». A escasos metros, junto a un montón de chatarra, un hombre que no quiere identificarse porque asegura entre risas que «estoy en busca y captura», opina que «esta es una manera de vivir y como no se puede tener la chatarra en las casas, la sacamos aquí». Manuel Mendoza, que viste elegantemente y no pone reparos para dar su opinión de como está el barrio de Virgen del Carmen, afirma que «este es un lugar tranquilo, no hay altercados». Cuando se le pregunta si en el barrio se sigue traficando con droga señala que «aquí ya no hay ese problema, y si vemos algo lo cortamos de raíz. Somos los gitanos los que hemos cortado el problema de la droga, no la policía».

Sin embargo, para otros vecinos a los que consultamos y que prefirieron mantenerse en el anonimato, la falta de trabajo ha motivado que muchos de los residentes se dediquen al tráfico de estupefacientes. Algo que acarrea enfrentamientos con los agentes de la Unidad de Prevención de Robos (UPR) de la Policía Nacional.

La farmacéutica del barrio, Mari Luz María, que lleva al frente del establecimiento 27 años y ha vivido las peores épocas, no percibe que haya un clima de inseguridad y añade con ironía: «¿Sabes cual es el verdadero problema ahora? Que la Generalitat no paga los medicamentos y está creando una situación que ha derivado en el desabastecimiento de las farmacias».

Algunos de los vecinos se quejan de que la policía les presiona y hacen continuos controles de sus vehículos, según dicen para comprobar si tiene el seguro o han pasado la ITV, lo que les lleva a manifestar que «si no tenemos trabajo, cómo vamos a pagar las revisiones de los coches».

Otro de los problemas en los que hacen hincapié los vecinos es que en muchas de las comunidades la luz de las escaleras permanece cortada desde hace meses, y los ascensores no funcionan. Tampoco hay iluminación desde hace más de un año en la plaza Senador Alberto Pérez Ferré. Una situación que, reconocen, está motivada por el corte del suministro eléctrico debido al impago de las facturas. Refieren que si bien antes era el IVVSA el que pagaba los recibos de luz y los incluía en la factura del alquiler, de un tiempo a esta parte son las comunidades de cada escalera las que han de pagar la luz, por lo que la empresa de energía les corta el suministro cuando se retrasan en los pagos. Y es que el Instituto Valenciano de la Vivienda, promotor de la reurbanización de Virgen del Carmen, mantiene unos alquileres sociales que, pese al bajo precio que pagan los inquilinos – entre 20 y 180 euros al mes – difícilmente pueden cobrar.

«La mayoría de los vecinos del barrio está en paro», refiere Rosa Mari Aliaga, que desde hace 40 años mantiene «como puede» una tienda de alimentación en el barrio. Añade que «mucha gente pasa dificultades, pues poco se puede hacer con los 400 euros de las prestaciones que reciben, y a veces ni eso». Aliaga asegura que la situación es tan difícil que «los pisos vacíos los están ocupando gente que da una patada a la puerta y entran porque no tienen donde ir».

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