Desde las chabolas a Bergara
37 niños rumanos de etnia gitana de un poblado madrileño juegan en Gipuzkoa
Diario Vasco,
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10-11-2012
Nervios, curiosidad y timidez marcaron los primeros minutos del encuentro, ayer, entre los 37 niños rumanos de etnia gitana procedentes del poblado chabolista El Gallinero y los alumnos del centro escolar bergarés Mariaren Lagundia en el patio del centro que les invitó a pasar unos días. «Yo lo que quiero es jugar a fútbol», insistía Isaac de 10 años, que acababa de llegar desde el barrio de Elosua donde se alojan estos cuatro días en el Apaiz Etxea.
Proceden de un asentamiento con un centenar de familias que sobreviven en la más absoluta marginación a 12 kilómetros de la popular Puerta del Sol, y junto la Cañada Real, el mayor supermercado de heroína de Europa.
Las primeras 24 horas en Gipuzkoa eran satisfactorias para la mayoría, y tenían como respuesta monosílabos. Solonza de 8 años, Anglia de 10, o Alicia de 9 coincidían en que les gustaba el albergue, «sobre todo la cama», apuntaba Solanza, que al instante estaba agarrada a la cuerda para tomar parte en la sokatira.
Viajan acompañados por cuatro monitores voluntarios vinculados a las parroquias de Santo Domingo de la Calzada y San Carlos Borromeo, ésta última en el barrio de Entrevías, más los estudiantes locales del ciclo superior en la especialidad de Integración Social, promotores de la visita que actuaron como animadores sociales en una mañana dedicada a correr, jugar a la pelota o pasear.
Unas visitas como prácticas a El Gallinero de los alumnos de segundo de integración, está en el origen del viaje. Como destacaba la profesora Susana Aparicio, «una experiencia dura y a la vez enriquecedora que nos animó a lanzar la invitación. Con los voluntarios que trabajan allí, marcamos el objetivo de potenciar con el viaje el esfuerzo que realizan los niños en ese marco para acudir a diario a la escuela».
En El Gallinero malviven 490 personas de las que 250 son niños de hasta 15 años. Es un asentamiento que conoce un constante estado de tensión. Justamente, a finales de octubre se procedía al derribo forzoso de una decena de chabolas hechas de maderas, plásticos y cartón.
Junto al coordinador madrileño, Jorge Fernández, con siete años sumergido en este foco marginal de sus 30 años como voluntario, conversaban dos jóvenes acompañantes, Luis Fodo, 29 años, «les conozco porque me gusta ir a jugar a fútbol con ellos. Si hay un balón son como cualquier otro chaval», y Madalin Cristeam, 15 años, «me encargo de que en el viaje no se peleen. Han venido formales». Este joven gitano y los niños se comunican en romaní y hacían el esfuerzo de dirigirse a sus nuevos amigos en el castellano aprendido en el colegio Blas de Otero, de Vallecas.
Escolarización y sanidad son los proyectos centrales que lidera Fernández en la concentración donde únicamente hay un punto de agua y la electricidad está captada directamente de un transformador «con el peligro de incendio que supone». Como hay padres que no se preocupan de llevar a los niños a la escuela, «los voluntarios se encargan de levantarles para que puedan acudir. Cuando empezamos iban 4 y ahora ya son 130».
Del verde de Elosua y Bergara, ayer tarde fueron al Aquarium. «¿Cuándo vamos a ver los peces?» interrogaron durante toda la mañana. Hoy visitan la escuela de pastores y las cuevas de Arrikrutz, en Oñati. Mañana, será el regreso a la realidad de El Gallinero.
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