Colaboración
Personas caídas
Deia, , 08-11-2012EN la última edición de la semana de la Risa de Bilbao, Bernardo Atxaga y Jon Juaristi nos deleitaron con una animada conversación sobre la risa y la barbarie. Juaristi se refirió al origen de la comedia en el teatro clásico griego y a la práctica literaria de reírse de las “personas caídas”. Ni el humor, ni la poesía, ni la comedia griega salieron muy bien paradas de dicha conversación. Pero resultó especialmente inspiradora esa forma de referirse a las personas: “personas caídas”. El pasado 17 de octubre se celebraba el día internacional para la erradicación de la pobreza. Y caer en la pobreza es un fenómeno cada vez más cercano, dinámico y multidimensional, como también debe de serlo la lucha para su erradicación. Porque cada vez se hace más evidente que las personas no caen, sino que son empujadas a la pobreza. Ya no solo ocurre en continentes lejanos y países exóticos donde trabajamos algunas ONGD, sino que cada vez está más cerca de casa. En el barrio, en la familia, incluso en la fábrica y en la oficina. Son 11.675.000 las personas caídas de España, un 25,5% de la población, según la tasa AROPE de la Unión Europea.
De acuerdo al último informe de la Fundación FOESSA y Cáritas sobre la situación de la exclusión y el desarrollo social en España, publicado en febrero de 2012, la pobreza no solo está afectando a un mayor número de personas y hogares, sino que también se está profundizando y cronificando. Cada vez son más las personas y hogares que caen por debajo del umbral de la pobreza, establecido en 7.800 euros anuales por persona. Y para aquellas que ya habían caído en la pobreza antes de 2008, se recrudece y prolonga. La situación es particularmente delicada para las personas más vulnerables de la sociedad: las que no tienen colchón familiar o algún tipo de red social que las proteja, entre las que destacan las personas migrantes, las mujeres con dependientes a su cargo, las familias con todos los miembros sin empleo y las altamente endeudadas. El colmo de la privación lo representan todas aquellas personas extranjeras sin papeles que tengan la mala suerte de enfermar y a las que las recientes decisiones del Gobierno en materia de salud están arrojando literalmente al fondo de un precipicio de difícil salida. Hay sobrada evidencia del tipo de exclusión social al que conducen este tipo de medidas: basta una visita a cualquier ciudad de EE.UU. o una consulta a algunos de sus maltrechos indicadores en materia de salud pública. El informe FOESSA también recoge un fenómeno relativamente nuevo para Europa, pero bastante conocido en Estados Unidos: el creciente empobrecimiento de las personas trabajadoras. En España, cerca de 940.000 personas que cuentan con un empleo padecen, sin embargo, una situación de privación material. Países mucho menos golpeados por la crisis y las medidas tomadas para combatirla, como Alemania, también son testigos del surgimiento de esta “pobreza con trabajo”. En Europa se calcula que 21,5 millones de personas viven esta situación.
No es Euskadi ningún jardín de las excepciones. A la espera de nuevas mediciones y datos, ya sabemos que son 42.000 las personas que en Gipuzkoa viven por debajo del umbral de pobreza, un 5,9% de la población. Este porcentaje asciende al 6,8% en el caso de Araba y al 10,6% en Bizkaia, lo que arroja una media de 8,5% para toda Euskadi. Caen también las personas en Euskadi. Pertsona eroriak.
A nosotras no nos da la risa cuando estudiamos las causas que están precipitando la caída de todas estas personas. Más bien nos encienden la indignación. Porque conocemos muchas de sus causas, sus consecuencias y las complejidades que entraña combatirla. Hemos visto la pobreza en Estados Unidos, pero también en Argentina, en Perú, en Guatemala y en la República Democrática del Congo. Nos han enseñado los precipicios a los que conducen las malas decisiones, las propias y las ajenas: reformas laborales indignantes, fiscalidades regresivas, pensamientos económicos ortodoxos y asistencialismos varios. Los movimientos sociales latinoamericanos nos están enseñando lo que es la deuda ilegítima, la vigilancia ciudadana, la soberanía alimentaria, la multidimensionalidad de la pobreza, la educación popular, la economía solidaria o el emprendimiento social. Eso es también para nosotras hacer cooperación internacional al desarrollo: aprender de los demás, de las personas y de los países caídos.
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