El Papa ataca el fundamentalismo y pide tolerancia

Un muerto en Trípoli y decenas de heridos en las protestas contra el vídeo de Mahoma

El Mundo, JAVIER ESPINOSA BEIRUT, 15-09-2012

«Hizbulá da la bienvenida al Papa en el país de la coexistencia», se leía en la pancarta que había colocado el grupo chií frente a la salida del aeropuerto de Beirut. Un eslogan idílico que quedó eclipsado horas después de la llegada de Benedicto XVI a la capital libanesa con la muerte de al menos una persona y las decenas de heridos que se cobraron los enfrentamientos que se registraron en la ciudad norteña de Trípoli, donde miles de islamistas suníes se manifestaron contra el vídeo que insulta al profeta Mahoma.

El Pontífice llegó a Beirut a las 13.40 y fue acogido en el aeropuerto por el presidente Michel Suleiman y todo un largo plantel de autoridades. A esa misma hora se podían escuchar como repiqueteaban todas las campanas de las iglesias de Beirut. Fuera de las instalaciones aeroportuarias se congregaban cientos de personas y un profuso contingente militar apoyado por vehículos blindados que se había desplegado por todo el entorno, confirmando la tensión que rodea al periplo.

Benedicto XVI había explicado a los periodistas que le acompañan desde Roma que nunca se planteó cancelarlo pese a los riesgos que entraña. «Cuando la situación se vuelve más complicada hay más necesidad de donar este signo de fraternidad. Es el sentido de este viaje: invitar al diálogo frente a la violencia», precisó. El Pontífice atacó también el «fundamentalismo religioso» de todos los credos, que dijo «constituye una falsificación de la religión». Sin embargo, el Papa alabó la Primavera Arabe que tantos resquemores ha generado entre la minoría cristiana de Oriente Próximo a la que aludió como un «grito de libertad, muy positivo», pero matizó que esa «libertad no puede olvidar un aspecto fundamental, la tolerancia hacia el otro».

En los accesos del aeropuerto también se podían leer los múltiples carteles que habían colocado partidos musulmanes como Hizbulá o Amal para recibir al clérigo cristiano.

«Queremos demostrar que no tenemos ningún problema con los cristianos y además tenemos enemigos comunes: los terroristas de Al Qaeda», precisó Ali al Khalil, un habitante de los cercanos suburbios chiíes que rodean al aeropuerto, que se había acercado a las inmediaciones para ver pasar el cortejo papal.

El partido chií de Hasan Nasrala se ha referido al viaje papal como un «hecho histórico» y su televisión, Al Manar TV, retransmitió en vivo todos los actos de la jornada en un simbólico gesto que no pasó desapercibido.

Por la tarde, el Pontífice rubricó la llamada exhortación apostólica Iglesia en Oriente Próximo en un acto que congregó a miles de personas en la famosa basílica de la ciudad de Harisa. El referido texto recoge las conclusiones de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos de la región realizada en el Vaticano del 10 al 24 de octubre de 2010, dedicado a afrontar el éxodo masivo que están protagonizando los cristianos de esta región, una comunidad en franco declive.

En un entorno como el presente, donde la zona se encuentra agitada no sólo por los altercados promovidos a causa del citado vídeo, sino por las repercusiones de la guerra civil que se desarrolla en Siria y la ocupación israelí de los territorios palestinos, Benedicto XVI apostó por el «diálogo en este contexto difícil. Debemos celebrar la victoria del amor sobre el odio. La tolerancia debe triunfar sobre la venganza y la unión sobre la división». Benedicto XVI no pudo eludir referirse a la crisis que sufre Siria y en una conversación previa con los periodistas que le acompañan en el viaje desde Roma exigió que cese el envío de armas a ese país, algo que tachó de «pecado grave». «La importación de armas tiene que cesar. Sin ellas no podría continuar la guerra», añadió el Papa.

Mientras la capital acogía con toda la pompa posible al jefe de la iglesia católica, varios miles de radicales se manifestaban en ciudades como Trípoli o Sidón. En esta primera villa, el principal centro de influencia del salafismo suní, los manifestantes se plantaron en el centro de la población portando banderas negras y cintas del mismo color estampadas con suras del Corán en la cabeza, un símbolo que identifica a los sectores más extremistas del Islam político.

La movilización degeneró en algarada cuando los manifestantes descubrieron que el único objetivo «estadounidense» contra el que podían arremeter era un restaurante de pollo frito de la cadena KFC, que destrozaron a pedradas y acabaron por incendiar. Después intentaron asaltar la sede local del Gobierno, donde fueron repelidos con tiros al aire y gases lacrimógenos por las fuerzas de seguridad. Entre los heridos figuran casi una docena de agentes.

Según las imágenes que grabaron las televisiones locales, los violentos clamaban contra el vídeo y contra la llegada del Pontífice. «¡Los musulmanes dicen bien fuerte: No queremos al Papa!», gritaban. «¡Queremos un estado islámico, no uno de los cruzados!», chillaban otros. Proclamas todavía más radicales se emitieron en el campo palestino de Ain el Hilwe, en Sidón, un conocido reducto de grupos extremistas, donde pidieron la acción de los hombres bomba para «volar embajadas y asesinar a los embajadores». «¡Obama, todos somos Bin Laden!», decían.

En el Líbano la casi totalidad de los dirigentes de todas las confesiones han condenado la difusión del vídeo contra Mahoma y los actos de violencia de los fundamentalistas, porque en palabras del primer ministro, Najib Mikati: «No representan los valores del Islam».

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)