El fotógrafo de la historia de Sudáfrica
La Vanguardia, , 23-10-2012Hay personas que se construyen a sí mismas. Alfred Alf Kumalo no tuvo más remedio que deconstruirse. Nacido en Alexandra, uno de los barrios más pobres de Johannesburgo, y con el régimen racista del apartheid anunciándose a la vuelta de la esquina, su destino parecía prefijado. Empezó así, pero duró poco. Trabajó en un taller de chico para todo hasta que su pasión pudo más: se hizo fotógrafo autodidacta. Uno de los mejores. La historia de los últimos 50 años de Sudáfrica, y eso es mucha historia, se pueden explicar a partir de los decenas de miles de clicks de su cámara de fotografiar. El domingo por la noche, Alf Kumalo falleció a los 82 años por una insuficiencia renal y se encendió para siempre la leyenda de uno de los fotógrafos más importantes de la historia del país africano.
El ex presidente Thabo Mbeki dio en la tecla en su despedida ayer. “Fue más que un fotoperiodista que documentaba, Alf Kumalo fue, por encima de todo, uno de nuestros más eminentes historiadores”, señaló.
Cuando la historia se citó en las calles revolucionarias de la Sudáfrica de la segunda mitad del siglo XX, Kumalo estuvo allí. Dejó testimonio de la brutalidad de un sistema que denigraba según el color de la piel, de una sociedad que se acostumbró a convivir con esas diferencias y de cómo acabó estallando frente a la injusticia. Fue el cronista de la brutalidad del apartheid porque perseveró pese a sufrir detenciones y amenazas de la policía. Quizás porque sabía que estaba siendo testigo de una época.
Tuvo olfato para acompañar casi desde el principio a su leyenda: decenas de las fotos más famosas de Nelson Mandela tienen su firma. Fotografió la boda del primer presidente negro sudafricano y su mujer Winnie
ALF KUMALO. 1930-2012
en 1957, las protestas de Soweto en 1976 y el estado de emergencia de 1980. Tampoco faltó para dar testimonio del juicio de Rivonia, en el que Mandela y la cúpula de la lucha contra el apartheid fueron condenados a cadena perpetua y enviados a Robben Island. En el año 1994, su cámara estaba en primera fila para congelar el instante en el que Mandela alcanzó el poder en las primeras elecciones democráticas de Sudáfrica.
Kumalo publicó también en el extranjero – The New York Times, The Observer, The New York Post o The Sunday Independent–, y ganó suficientes premios como para ganarse un retiro lleno de reconocimiento y admiración más allá de las fronteras sudafricanas. En el 2004, se le dedicó un aplauso al unísono en forma de exposición en solitario durante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York.
Kumalo no cortó jamás con sus raíces. Pese a ser ya anciano, abrió una escuela de fotografía en Diepkloof, en Soweto, para enseñar el oficio a jóvenes en contextos difíciles. Quiso dar a los otros las oportunidades que él no pudo tener.
La Fundación Nelson Mandela emitió ayer un comunicado para recordar el incansable trabajo de Alfred Kumalo y su dedicación infatigable por seguir la trayectoria de Mandela y de su familia, con quien también colaboró una vez que el líder sudafricano se retiró. El texto acababa con una despedida sentida: “Hamba kahle, Bra’Alf” (te echaremos de menos, hermano Alf).
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