Nervios a flor de piel en el Chinatown madrileño
Conmoción en el polígono Cobo Calleja, de Fuenlabrada, que suministra a los bazares los productos asiáticos
La Vanguardia, , 18-10-2012Has ido a Cobo Calleja? Allí puedes encontrar de todo a un precio tirado”. Esta es una de las frases que con frecuencia se oye entre los madrileños, independientemente de su poderío financiero, y que compite con la de “¿No conoces el mercadillo de Majadahonda?, las imitaciones son buenísimas”… Ambas tienen algo en común, la procedencia de los productos, todos chinos, llegados desde el país asiático en decenas de miles de contenedores hasta las mismas entrañas de España, Fuenlabrada (a 15 kilómetros de Madrid). Y desde ahí se distribuyen a los más de 16.000 bazares que salpican la geografía española.
Pero ¿qué es Cobo Calleja? Un polígono industrial, existente desde los años 70 (su nombre se debe a un empresario leonés, padre del que fue vicealcalde de Madrid con Alberto Ruiz-Gallardón, Manuel Cobo), que se ha convertido en el centro neurálgico de la actividad de los empresarios chinos en España. Un polígono único en Europa, de 160 hectáreas con casi 1.200 naves, casi 400 dirigidas por empresarios chinos que regentan almacenes de venta al por mayor (y otras, también al público). Se calcula que en la zona en la que se aglutinan las naves asiáticas trabajan unas 3.000 personas, una buena parte de ellas, chinas. De ahí el sobrenombre de Chinatown, aunque, al menos a simple vista, sólo es un lugar de trabajo. No hay viviendas, únicamente locales y almacenes, cuyos rótulos también se anuncian en la iconografía china.
La actuación policial del pasado martes redujo ayer notablemente la actividad en este polígono y selló la boca de los trabajadores asiáticos. También de los españoles que han abierto negocio en estas áridas tierras que bordean la carretera Madrid-Toledo. ¿Por qué? Porque “nos jugamos mucho. Si se desmantela todo esto, nos hundimos”, señala un joven chino que trabaja en una nave que no ha sido registrada por los agentes.
Los nervios están a flor de piel por la magnitud de la operación de evasión de capital, aunque no es la primera vez que la Policía aparece por estas naves. Ya lo ha hecho en ocasiones anteriores en operaciones relacionadas con la falsificación de productos.
Pero ¿quién puede controlar los seis millones de toneladas que pasaron por estas naves en el 2010? Los inspectores y agentes de aduana llevan años advirtiendo de las enormes dificultades existentes para vigilar el contenido de los miles y miles de contenedores procedentes de China que atraviesan la frontera española cada año. Y si no se comprueban, no se declaran, y si no declaran, no se pagan impuestos… y cuando se venden los artículos, tampoco se abona por los beneficios.
Las autoridades madrileñas se han lanzado de inmediato a aclarar que esta actuación policial no va en contra de la comunidad china ni del comercio chino, sino contra una red mafiosa que eludía el pago de impuestos. De hecho, no dudan en poner como modelo la manera de entender el trabajo de los asiáticos (24 horas al día, los 365 días del año). Pero los representantes de los comerciantes no son tan benévolos: “Llevamos años pidiendo un mayor control de las prácticas irregulares” de determinados empresarios. “Pedimos que cumplan la normativa vigente, en materia de horarios, seguridad, competencia, higiene, empleo y seguridad social…”, exige Hilario Alfaro, de la Confederación de Comercio de Madrid.Artículo anteriorArtículo siguiente
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