La lavandería china del arte

El País, ANTONIO LUCAS MADRID , 18-10-2012

Uno de los puntales más visibles del entramado empresarial que confeccionó el empresario chino Gao Ping era la galería Gao Magee de Madrid, en la calle del Doctor Fourquet, tras el Museo Reina Sofía y perímetro de algunas de las salas de arte más destacadas: Helga de Alvear, Maisterravalbuena, Nogueras Blanchard, Espacio Mínimo… Allí instaló en segundas nupcias su centro de operaciones artísticas en España (la primera sede de la galería de Gao Ping estaba en la C/ Antonio Maura).

La sala ha tenido al menos cuatro directores desde su creación: Joaquín Gallego, Carmen Blánquez, Miguel Suárez del Villar y Raquel Serrano. Sólo trabajan con artistas chinos, preferentemente nacidos en los 70 y los 80. El propósito del principal encausado hasta ahora en la operaciónEmperador era tender lazos entre artistas chinos y coleccionistas españoles. Una relación de ida y vuelta que tenía en Pekín su reverso para promocionar creadores españoles.

La actividad de la galería, según fuentes cercanas al caso, era aparentemente normal: exposiciones trimestrales y tránsito habitual de gente. No desentonaba en el ambiente comercial del barrio. Según uno de sus primeros directores, Joaquín Gallego, que decidió abandonar la firma por desavenencias con Gao Ping, «la actividad de la galería era aparentemente normal… En fin… Prefiero no hablar. Tras mi salida llegaron otros. Pregunte por ahí». El del arte contemporáneo chino fue la última ficción del mercado artístico.

El negocio del arte, salpicado de claroscuros, era un terreno propicio para el empresario chino. «La cultura da a ciertos personajes un prestigio social y abre puertas para otro tipo de negocios», explica un experto en arte de las Fuerzas de Seguridad del Estado. «Aunque Gao Ping no era un hombre reconocido dentro del ámbito galerístico… Se salía de los estándares… Algunos vecinos reconocen haber visto coches de alta gama en la puerta de la sede, así como a distintas personas sacar bolsas negras que se introducían en los vehículos».

Entre los artistas que colaboraron fugazmente con el cerebro de la operaciónEmperador está el pintor y fotógrafo José Manuel Ballester. En una ocasión fue requerido por la gente de Ping para prestar dos fotografías de gran formato que iban a ser colgadas en una muestra colectiva en el exclusivo espacio que el empresario tiene en el denominado Distrito 798 de Pekín, el Iberia Art Center: «Cuando la exposición se clausuró me las devolvieron. Esa fue, afortunadamente, toda mi relación. Al tratar con marchantes no abres una investigación sobre ellos. Confías en que son profesionales… Aun así, hubo cosas que no me dieron buenas vibraciones y no me vinculé más. No sé cómo funcionarían, pero la idea que vendía Ping de propiciar el intercambio cultural entre España y China era tentadora. Artistas como Ouka Lele o Soledad Sevilla también son víctimas de esta aventura. Nos ha utilizado para su ficticia promoción como hombre del arte».

Ping logró aun así colar su galería en Arco 2011 con stand propio. Antes ya había hecho tentativas de acercamiento presentando allí el primer número de su revista trimestral Art in China. Hay firmas españolas que tardan años en lograr ser aceptadas en la feria. Pero a Ping no le costó demasiado esfuerzo. ¿Trato de favor?… Asimismo, pronto alcanzó ventas de gran volumen, como la que cerró con el Instituto Valenciano de Arte Moderno (Ivam), dirigido por Consuelo Císcar. La institución adquirió 61 fotografías por valor de 440.000 euros, a la vez que el museo mantuvo más colaboraciones con Ping alrededor de las muestras 55 días en Valencia y Plusmarca. Arte y deporte, que se presentó después en el Iberia Center de Pekín, coincidiendo con las olimpiadas de 2008. «Tienen que salir más cosas de este turbio asunto», explican algunos expertos en arte. «La trama es larga y compleja. Y el arte ha sido uno de sus espacios operativos a través de la fundación que capitaneaba Ping, por donde pasaba todo». Será cuestión de ver si hay luz al final del túnel.

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