El fin del sueño español
El Periodico, , 17-10-2012A Carmelo Arauz las cosas le iban bien: tenía trabajo, sus dos hijos estudiaban y crecían y la familia, toda, gozaba de buena salud. Había llegado en el 2002, con 30 años, porque tenía parientes aquí y su hermana lo había animado, le había insistido («venite», le decía, «venite») y había viajado, y había conseguido trabajo, dos, en realidad, que compaginaba, uno en un supermercado y otro en una empresa de guardamuebles.
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