La Cuba de Raúl bendice la emigración

El régimen elimina los trámites para obtener un «permiso de salida» del país La nueva ley, vigente a partir de 2013, amplía a 24 meses la residencia fuera de la isla

El Mundo, ÁNGEL T. GONZÁLEZ LA HABANA ESPECIAL PARA EL MUNDO, 17-10-2012

Cuba es el reino de la paciencia. Los cubanos han estado casi cinco años a la espera de que el Gobierno de Raúl Castro actualizara la Ley de Emigración del año 1976 que exigía a los ciudadanos de a pie costosos trámites burocráticos para obtener un «permiso de salida» del país y que, a su vez, limitaba el máximo de permanencia en el extranjero a 11 meses. De no regresar a la isla en ese plazo, el viajero cubano era calificado como «desertor».

Ahora, el Decreto Ley 302, vigente a partir del 14 de enero de 2013, sólo exigirá la presentación del pasaporte corriente actualizado y el visado del país de destino, en los casos que el mismo se requiera. A su vez, se ha extendido a 24 meses la permanencia en el exterior de los residentes en Cuba que viajen por asuntos particulares, contados a partir de la fecha de salida del país.

La eliminación del engorroso proceso de presentar, ante las autoridades de emigración de la isla, una carta de invitación de familiares radicados en el extranjero es uno de los beneficios donados por la citada ley, modificada con pretensiones de ajustarse a la actual realidad cubana. Los cubanos también ganan un mayor plazo de estancia en el país al que viajen y además, un ahorro de dinero en trámites. El proceso de legalizar su salida del país llegaba a costar hasta unos 500 dólares.

La nota oficial publicada en el diario gubernamental Granma sobre las modificaciones de la Ley alegó que la política migratoria cubana en los últimos 50 años «se ha basado en el reconocimiento del derecho de los ciudadanos a viajar, a emigrar o residir en el extranjero». «Eso no es cierto», comentó Marcos Díaz, de 57 años. «Porque desde los años 60 y hasta los años 90 del pasado siglo a los que se marchaban del país se les tildaba de ‘escorias, vendepatrias y traidores’. Emigrar era sinónimo de traición», afirmó. Al igual que Marcos otros cubanos consideran que la actual tolerancia con la emigración responde a la realidad de que cada vez son más las familias radicadas en la isla que sobreviven por las remesas de dinero de la emigración.

Pero la modificada Ley de Emigración tiene candados en el artículo 23 donde se refiere a ciudadanos que no pueden obtener pasaportes. El artículo D sirve para alegar «razones de defensa y seguridad nacional». El E, tener obligaciones con el Estado cubano o responsabilidad civil, siempre que hayan sido dispuestas expresamente por las autoridades correspondientes. Según el F, se puede carecer de la autorización establecida en virtud de las normas dirigidas a preservar la fuerza de trabajo cualificada para el desarrollo económico y social. Y si no, «cuando por otras razones de interés público lo determinen las autoridades facultadas».

El Gobierno cubano, durante décadas, ha argumentado como razón para no flexibilizar la ley de emigración que el Gobierno de EEUU la aprovecharía para robar a la isla médicos y científicos.

La difusión de la ley, a casi tres meses antes de hacerse efectiva, a juicio de analistas locales, parece tener el propósito político de «reanimar la esperanza y la credibilidad» de la sociedad cubana de que el proceso de reformas no se ha paralizado. «No van hacer nada; todo sigue igual; aquí lo que hay que hacer es irse del país», son las frases que más se escuchan a los que el salario mensual se les evapora casi todo en intentar alimentarse.

Los medios de prensa oficialistas, que siguen atados a la difusión de mensajes doctrinarios caducados, colaboran en expandir el credo de que el socialismo isleño está atrincherado en el inmovilismo. Por lo pronto, ese contexto de inmovilidad está influyendo, al parecer, una fiebre migratoria hasta en cubanos mayores de 50 años de edad. Un escenario que es novedad en la isla.

«Durante muchos años, emigrar fue considerado como una traición al proceso revolucionario», afirmó el académico Esteban Morales en un artículo difundido por la red local. «Pero, ¿podemos continuar mirando la emigración de ese modo? ¿No debiéramos asumir una dosis de realismo y hasta de cierto pragmatismo, ante un fenómeno, que nos hace tanto daño y que no podemos controlar?», sentenció. La moderada flexibilización de la nueva Ley de Emigración, al parecer, pretende adaptarse a esa realidad.

>Videoanálisis de Rocío Galván.

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