“Ante un extraño, el niño se me agarra”
La madre del niño secuestrado explica las secuelas que sufre el pequeño
La Vanguardia, , 09-10-2012AVANZAR “No voy a dejar mi trabajo, esta es mi vida y debo seguir adelante” EL MIEDO “Kevin tiene ahora más miedo que cuando estaba secuestrado” LA CONFESIÓN Ana María defiende a su marido: “Hemos intentado ser buenos padres” EL PADRE, EN PRISIÓN El niño se reunió con su padre en la cárcel de Mallorca este fin de semana
“Está asustadito”. Ana María, madre del menor que fue liberado el pasado viernes por los Mossos d’Esquadra en Barcelona, habla así para La Vanguardia del estado en el que está su hijo. “Lo peor es que ahora cuando ve a un desconocido se me agarra”, añade para describir el estado de Kevin, el niño de 11 años que estuvo tres días secuestrado y liberado por la policía autonómica catalana en Barcelona. Ella se muestra bastante tranquila en la conversación, pero reconoce que “también tengo miedo”. Quiere, añade, “recuperar la normalidad”. De hecho, ayer ya llevó a su hijo al colegio, y por la tarde a un partido de fútbol. “Quiero que lo olvide pronto, eso será lo mejor”.
No va a ser fácil. El menor tiene pesadillas. “Creo que tiene ahora más miedo que cuando le secuestraron, porque se acuerda de todo; cuando lo tenían atado estaba adormecido”. Nada más liberarlo, el juzgado de instrucción de Barcelona que investiga el caso puso a su disposición atención psicológica. Ahora, señala, espera que la Seguridad Social “me ponga un psicólogo para tratar al nene; mientras eso no ocurra yo me voy a pagar uno”.
Ana María tuvo ayer un día duro. Muchas televisiones quisieron escuchar su testimonio, y ella intentó atender a todo el mundo. “Estoy agotada”, decía. El encuentro con las teles fue en un parque de la pedanía de l’Almardà, cerca de Sagunt. Tenía lógica porque Ana María no quiere revelar a nadie dónde vive ahora. “Nos hemos ido de casa, ya no estamos en Sagunt y estoy en la vivienda de otra persona, lo hemos hecho por seguridad”. Pero dice que aunque ha cambiado de vivienda, no va “a cambiar de trabajo, esta es mi vida, tengo que vencer al miedo”. Y añade que, a pesar del trágico trance, a pesar de las duras sensaciones vividas, tiene ciertas cosas claras: “No me voy de España, ahora me siento muy segura en este país”. Ana María es colombiana, tiene tres hijos –Kevin es el mayor, después le siguen otro de diez años y una niña de tres años– e insiste en que en su sensación de seguridad tiene mucho que ver la actuación de los Mossos: “Han hecho un papel magnífico, les estaré eternamente agradecida”.
Narra que su hijo, tras ser liberado, le contó que “antes desconfiaba de la policía, ahora ya no”. Razón suficiente para que “todo deba seguir igual”, dice. También tiene palabras de agradecimiento para los médicos que atendieron a Kevin en las primeras horas tras el secuestro. “Hicieron mucho para ver si el nene estaba perfectamente; además le dieron mucho cariño”. La abuela del menor subrayaba la misma idea: “Los agentes que liberaron al niño le han sabido dar confianza para que hablara sobre el secuestro, han tenido una enorme calidad humana”.
Los hechos ocurrieron el pasado 25 de septiembre cuando el menor y su madre se desplazaron desde Sagunt hasta Barcelona “engañados”, según apunta Ana María. Habían sido citados por unas personas que aseguraban que les podrían ayudar a regularizar su situación en España. El padre del menor, que está en prisión en Mallorca por un caso de tráfico de drogas, es quien se habría puesto en contacto con estas personas y su falsa oferta de regularización. Conoció a su cabecilla en prisión; ambos compartieron celda. Inicialmente, y según subrayaba ayer Ana María, “la idea del padre era buena, era la de ayudarnos”. Sin embargo, la mujer fue engañada, le secuestraron al niño y le exigieron un rescate de cinco millones de euros. Ana María reconoció que “el nene recuerda que tenía miedo de que yo acudiera a la policía por si le hacían daño, pero hice bien en pedir ayuda porque me lo hubieran matado”. Recuerda esos días como “terribles”. “Tenemos que olvidarlos”, sentencia.
Ana María cuenta todo esto mientras enfatiza en que nada de eso le debería cambiar las rutinas de vida. Trabaja en un restaurante, y así quiere seguir. “Con mi familia, con mis amigos”. El problema, reconoce, es que el niño no va a poder ver mucho a su padre. “Lo pudo ver el fin de semana, pero ahora ya no; una pena”, señala Ana María respecto a la relación del padre con el niño. Añade, respecto a las sospechas generadas, que el padre del niño “no ha tenido ninguna culpa en el secuestro”. Según la versión policial, al conocer los secuestradores al padre fue fácil planificar el delito, hacer que la madre y el niño se desplazaran a Barcelona y cometer el secuestro. “Yo creo que hemos sido engañados por algunas personas, somos culpables por haber creído; pero al niño le hemos dado amor, hemos sabido ser padres, que su padre no está ahora a nuestro lado no significa que sea un mal padre como algunos se piensan”.
Para ella ha sido clave la familia. La misma que le ha ayudado con los otros dos críos. “La pequeñita no se entera de nada, pero el segundo está muy atento. Hemos evitado que oiga nada de lo ocurrido a su hermano”, añade. Y concluye que, aunque “todo hay que volver a plantearlo”, la vida “debe seguir”.
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