Miedo al islam

El Día, Helena Somervalli , 08-10-2012

En los medios españoles se ve con frecuencia inquietud respecto a los muchos islamistas que hay en España. Lo mismo, en aún mayor grado, pasa en Suecia, un país admirado y envidiado por muchos españoles. Durante años Suecia ha sido un verdadero Estado del bienestar, pero hace ya unos años que los suecos de etnia sueca están comentando que Suecia ya no es Suecia a causa de la masiva inmigración, en gran parte de países islámicos. Suecia siempre ha sido muy permisiva con sus inmigrantes y los tratan, según muchos, mejor que a los nativos: al llegar reciben dinero, hogar, educación y todos los derechos sociales existentes, mientras que los políticos, poco a poco, quitan el bienestar de los suecos jóvenes, pensionistas, ancianos, enfermos. Lo peor, siempre según los suecos, es que muchos foráneos, particularmente los islamistas, no vienen para integrarse, vienen para aprovecharse de los beneficios financiados por los impuestos que los suecos pagan.

En Suecia hay unas quince mezquitas construidas, la mayoría en el sur del país. Ahora muchos habitantes suecos están poniendo el grito en el cielo en silencio ya que no está bien visto protestar en cuestiones de inmigración porque las autoridades suecas han dado luz verde a la mezquita en Fittja, un municipio al sur de Estocolmo, a llamar a rezar desde su minarete, inicialmente una vez cada viernes y en las fiestas principales. “Naturalmente tenemos que consultar a nuestros vecinos, pero las llamadas no molestan más que las campanas de una iglesia y ¿por qué este trato discriminatorio a nosotros?”, se pregunta el imam. En países islámicos las llamadas al rezo son cinco al día, pero el imam dice que pueden conformarse con una por lo menos en un principio. Los suecos, cristianos, están tímidamente horrorizados. Suecia tiene unos 9,5 millones de habitantes, de los cuales unos 500.000 son islamistas y cada vez son más. El islam es hoy la segunda religión más importante en Suecia después del cristianismo.

¿Cuántos inmigrantes hay en Suecia? No se sabe exactamente porque la migración va en dos sentidos. A finales de 2007 había 1.227.770 inmigrantes nacidos fuera de Suecia y unos 400.000 nacidos en Suecia con padres nacidos en otros países. Los inmigrantes son principalmente de Iraq, Somalia, Polonia, Irán, China, Tailandia, Dinamarca, Turquía e India. En España se habla mucho de la criminalidad de inmigrantes. En Suecia, en el año 2011, se registraron 1.416.280 crímenes denunciados. De estos, el 45,6% fue cometido por suecos y 54,4% por foráneos.

En Canarias, en España, quien critica la inmigración puede ser acusado de xenofobia. En Suecia, criticar la inmigración casi es un pecado mortal. Iban a prohibir la venta de “Tintín en el Congo” por xenófobo, pero al final desistieron. “Fue una decisión un poco precipitada”, dijeron. Un entrañable libro infantil sobre niños suecos y niños inmigrantes, publicado recientemente fue proclamado xenófobo a pesar de tratar el tema con la máxima delicadeza sin rastro de xenofobia. Las reivindicaciones de los inmigrantes de diferentes países, cada día más exigentes, se ha traducido en canales en televisión y radio en sus idiomas, en educación escolar en sus idiomas, en escuelas islamistas, en que cada vez más se vende carne sacrificada por el rito halal y, lo que más molesta a los suecos, en que ya no se permite a los alumnos suecos cantar el himno nacional de Suecia en el cierre de los colegios antes de verano, porque entonces habría que cantar los himnos de otros países también, etc., etc. ¿Es un fiasco la integración?, se preguntaba un político.

Hay ciudades en Suecia donde la mayoría de los habitantes ya es foránea. Estocolmo no es una de estas, pero lo cierto es que en la capital casi no hay ni un dueño de quiosco, ni un vendedor de perritos calientes ni un dueño de los puestos en los mercadillos ni un taxista ni un chófer del metro o de las guaguas, etc. que no sea inmigrante. Muchos se han integrado bien e incluso han aprendido el idioma, pero lo más alarmante es que los islamistas no aceptan las leyes de Suecia que prohíben homicidios por honor, humillación sistemática de las mujeres y la mutilación genital femenina. “Son nuestras costumbres y vivimos según ellas y según nuestras leyes”, dicen, y no hacen ni el más mínimo caso a las leyes suecas.

Integrarse en un país extranjero significa aceptar las leyes del país en cuestión. Cuando mi marido y yo nos mudamos a Tenerife, hace veinte años, tuvimos que aprender a vivir aquí sin la ayuda de nadie, sin consejos de nadie, y queríamos hacerlo todo estrictamente dentro de la legalidad. ¿Pero cómo hacerlo? Los disgustos fueron muchos. Por ejemplo, el primer gestor nos engañó y se llevó un dineral sin tramitar los documentos necesarios y el ayuntamiento nos cerró el negocio dos veces, un pequeño bar, y nos multó, sin asesorarnos en cómo tendríamos que llevarlo para evitar problemas. En Suecia llevan a los inmigrantes de la mano para que tengan toda su vida solucionada y feliz, mientras que los suecos, cada vez más, ven su calidad de vida mermada. Los refugiados que necesitan asilo nunca son expulsados de Suecia, pero todos los que entran no pueden quedarse. La legislación sueca a veces es absurda. Por ejemplo, las autoridades de inmigración decidieron recientemente expulsar a una niña de dos años, nacida en Suecia y abandonada por su madre argelina. La noticia salió en los medios y despertó una lluvia de críticas. Aún no se han puesto de acuerdo en cuanto al destino de la pequeña, si devolverla a su madre o dejarla ser adoptada por la pareja que la cuida.

Al leer la noticia sobre luz verde para las llamadas a rezar, una joven sueca protestó en una red social y dijo que está harta de todo lo que pasa en su país. "No puedes decir lo que piensas, las calles están llenas de mujeres con burkas y hombres con turban. Está prohibido cantar el himno nacional; decir negro; oponerse a la inmigración; decir que primero hay que cuidar a los nativos del país. Por supuesto que tenemos que ayudar, pero no a costa de nosotros mismos. ¡Basta ya! Quiero salir con vestidos sin que me llamen “puta” y no quiero escuchar llamadas a rezar para que gente foránea se acuerde de sus oraciones. Tenemos que poner fin a todo esto. No quiero vivir con una religión que no es mía y quiero comer carne de cochino." En fin, Suecia ya no es Suecia.

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