«Solo trece muertes... ¡Please, yo lo haría mejor!»

El Correo, MELCHOR SÁIZ-PARDO, 06-10-2012

Juan Manuel Morales Sierra quería superar todas las marcas macabras en el campus de la Universidad de Baleares. Sus planes eran pasar a la historia de los mayores asesinos modernos con una ‘versión mejorada’ de la masacre del instituto Columbine, en la que las balas dejarían paso a los explosivos. Había analizado decenas de veces los vídeos y documentales de la matanza de 1999 en Colorado y en el 14º aniversario de aquellos hechos, el próximo 20 de abril, había planeado rendir su particular homenaje a Eric David Harris y Dylan Bennet Klebold en las instalaciones universitarias de Palma con 140 kilos de bombas.

Morales ya lo había avisado en los espacios más marginales y violentos de las redes sociales, donde su identidad se multiplicaba detrás de decenas de alias. ‘Scary’, ‘Celtibero – Godo’, ‘Juannoventayuno’, ‘Merovingio’, ‘Chris’, ‘Authentic, ’Subzero91’ y, sobre todo, ‘Columbainero’. Protegido con este último ‘nick’, su favorito y con el que rendía a tributo a sus héroes, hace solo unos meses advirtió en ‘Youtube’ que podía mejorar la matanza de Denver. «Solo trece muertos… Please, yo lo haría mejor!», aseguró en referencia al número de víctimas mortales de Harris y Klebold.

«Tardarse 50 minutos para solo trece personas. Mejor hubieran comprado granadas de vdd!», seguía criticando los ‘puntos débiles’ de la matanza, para, eso sí, terminar rindiendo tributo a Columbine: «De todos modos, una belleza de evento!!!». Morales estaba obsesionado con dos documentales sobre la matanza, ‘Columbine en la mente de los asesinos’, y, sobre todo, ‘Hora cero, masacre en Columbine’, una recreación muy realista de aquel sangriento episodio. Este último vídeo lo había colgado en infinidad de sitios, de donde desaparecía rápidamente por falta de los derechos para reproducirlo. Pero antes de que fuera borrado, aprovechaba para lanzar sus proclamas: «No murió nadie que no se lo mereciera», «solo se debe lamentar que no llevara más munición», apuntaba el joven en foros de Internet sobre asesinatos múltiples, webs frecuentadas por internautas americanos, mexicanos y venezolanos, particularmente. De hecho, fue un periodista venezolano el que, desde Japón, alertó hace cinco meses a la Policía española de la disposición a atentar que mostraba Morales.

Los investigadores creen que el hecho de que la masacre de Columbine no sea particularmente un episodio de ‘culto’ entre los jóvenes marginales españoles hizo que no encontrara un cómplice. Morales estaba obsesionado con que la matanza del campus de Baleares, como la de Denver, tenía que ser obra de dos y sus llamamientos en Internet para contactar con alguien se cuentan por decenas: «Busco gente en Mallorca para hablar sobre el tema ¡Contactadme!», reclamaba en cada foro sobre la masacre.

«La raza blanca, la mejor»

Su petición de ayuda era solo el final de una fase de deterioro mental, radicalización y aislamiento social. Hacía tres años que, también sin éxito, intentaba en la Red que alguien le acogiera como guitarrista en un grupo musical. Lo más que recibió fueron chanzas por no saber escribir bien los nombres de sus grupos favoritos. En los últimos meses había dejado la música y, tras acudir a algunas lecciones de auxiliar de instalaciones eléctricas, había probado suerte como instalador de aire acondicionado, ofreciendo sus servicios a «mitad de precio». Pero nadie le llamó.

Ni siquiera en los foros neonazis y de ultraderecha había alcanzado un nombre. «Guerra de razas. Todas están contra la blanca por ser la mejor y la que ha oprimido al mundo durante toda la historia», escribió. Sus comentarios xenófobos y ultras no tenían respuesta. Morales se había refugiado en el ‘Mein Kampf’ (‘Mi lucha’) de Adolf Hitler, que pedía prestado en una biblioteca de Palma, en los videojuegos más violentos, en el poker ‘online’ y, sobre todo, en preparar la reedición de Columbine, solo con bombas porque hace un mes la Guardia Civil le había negado un permiso para escopetas al saber que era investigado por la Policía. El joven prestó ayer declaración durante 40 minutos ante el titular del Juzgado de Instrucción número 9 de Palma, Enrique Morell, quien ordenó su ingreso en prisión sin fianza después de que admitiera que iba a cometer la masacre. Puede enfrentarse a 28 años de cárcel.

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