El autor considera que Occidente no debe ceder ante un «islam intolerante y atrasado» Debajo del problema subyace la cuestión del significado de la palabra «libertad»
¿Desencuentro de civilizaciones?
El Mundo, , 24-09-2012NO HACE TODAVÍA mucho tiempo, era frecuente
escuchar o comentar la frase del ex presidente
Rodríguez Zapatero: debíamos caminar
hacia una «alianza de civilizaciones», pues ello
evitaría el horror que ya eran las guerras de
guerrillas (o de atentados suicidas) de Irak y Afganistán…
No creo que nadie sensato omedianamente
juicioso tenga nada en contra del entendimiento
entre culturas. El problema radica
en saber cuántos juiciosos ilustrados quedan y
si hay interés en que las culturas o civilizaciones
se entiendan o hasta se fecunden. Ahora
mismo parece que no. Sin duda el filme norteamericano
sobre los musulmanes (sólo han visto
un tráiler, la película dura casi dos horas) tiene
todo el aspecto de ser muy malo e indudablemente
se ha hecho –parece que con dinero
israelí– con afán de provocar. También las caricaturas
del semanario satírico francés Charlie
Hebdo –algo parecido a lo que fue aquí Hermano
Lobo– tienden a provocar. Pero esas provocaciones
por malas o inoportunas que sean, sólo
pretenden demostrar la intolerancia cerril de
unos y la libertad de expresión que los otros garantizan
como manifestación de la
cultura occidental…
Uno entendería que a los creyentes
musulmanes no les guste que se
satirice a Mahoma, como no les
gustó a los católicos (años atrás) la
película de Goddard Je vous salue,
Marie o la de Scorsese La última
tentación de Cristo, obras mucho
mejores –como arte– que la actual
tildada de islamofóbica. Pero la protestas
contra Scorsese fueron tibias,
y contra Goddard se limitaron a filas
de creyentes que rezaban el rosario
frente a los cines que exhibían
la película, lo recuerdo muy bien.
Las cañas no se tornaron lanzas.
Ahora sí, la película ya ha ocasionado
muertos y las caricaturas, protestas
desmesuradas e intolerantes.
Los musulmanes creyentes pueden
protestar, pero no amenazar ni
muchomenos pedir que los países
occidentales que supriman la libertad
de expresión. Aunque el Gobierno
francés ha sido cauteloso,
en todo momento (no podía ser de
otramanera) ha defendido, incluso
poniéndoles guardaespaldas, a los
caricaturistas de Charlie Hebdo
que, por cierto, se agotó en horas y
sacó una nueva tirada dos días después. Y si
Francia ha sido cautelosa y no rotunda (como
pide la extrema derecha de la saga Le Pen) es
porque tiene demasiados musulmanes dentro de
su territorio y pretende salvaguardar la paz social,
sin renunciar, claro es, a los valores republicanos,
que son los derechos del hombre, la laicidad
del Estado y la libertad de expresión.
Debajo o alrededor de todo esto, laten dos
cuestiones fundamentales: la semántica de la
voz «libertad» y la idea arcaica para la Europa
moderna de que «pecado» es igual a «delito».
Quienes vimos Je vous salue,Marie pudimos cometer
un pecado si fuésemos católicos, pero no
cometíamos ningún delito en un Estado que garantiza
la libre expresión y su pluralidad. Y es
verdad que demasiados litigios, incluso vecinales
o cotidianos, tienen de fondo un mero problema
semántico. Aristóteles escribió que «libertad
es elegir». Mientras que Agustín de Hipona,
además de obispo, escritor muy notable, dijo:
«Obedecer a Dios es libertad». La frase de Agustín
guió buena parte de la Edad Media cristiana
y hoy se refleja en las lecturas rigoristas del Corán
hechas por salafistas o cualquier variante del
islam radical e inclusomoderado.
CUANDO EL presidente egipcio Morsi (en teoría
un moderado) pide a su homólogo francés
que condene las caricaturas deMahoma y las
prohiba, evidentemente no entiende que el concepto
de libertad que hoy usamayoritariamente
el islam (un blasfemo es reo de muerte) y el concepto
occidental que no permite matar ni herir ni
amenazar, pero sí decir lo que se quiera, recogido
en la CartaMagna de la República y de todas
las democracias occidentales, son obviamente
conceptos muy diferentes, tanto que los diría incompatibles.
El islamismo actual, fruto de la Primavera
Árabe y de la sed de venganza contra
Occidente de iraquíes, afganos, iraníes y palestinos,
ha retrotraído a todos esos pueblos y a casi
todo el Islam a una Edad Media bárbara en nombre
de su Dios y su profeta. En el norte de Malí
(gobernado por integristas amigos de Al Qaeda)
ya se ha puesto en práctica la sharia: varios ladrones
callejeros, pobre gente, han sido condenados
a la mutilación. Se les ha amputado la mano
derecha y el pie izquierdo. Y por supuesto las
más nimias faltas se solventan con castigos corporales,
esencialmente por flagelación. Escenas
que ví ayer en la televisión francesa.
¿Alianza de civilizaciones? Creo que, visto lo
visto, habremos de preocuparnos mucho más de
que no haya un choque entre esas civilizaciones,
que a veces se presiente cuando se habla (desde
EEUU e Israel) de detener el programa nuclear
iraní. Ya que, no casualmente, fue el Irán de los
ayatolás –desde 1979– el que resucitó el integrismo
islámico, que antes sólo dormía en los áureos,
petrolíferos y desérticos tronos de Arabia
Saudí. Claro que ese posible choque no es deseable
para los europeos, que más de tener muchos
musulmanes dentro de casa, tenemos a un tiro
de piedra las costas delMagreb, ya pocomoderado.
Debemos entendernos (o intentarlo por todos
los medios), pero nunca ceder,
pues quedaría al borde de la muerte
nuestra propia civilización, nuestro
sentido de la vida. Quizá debamos
respetar –aunque no nos guste–
lo que está ocurriendo en los
países islámicos actualmente y aún
la triste suerte –si no el exilio– que
les aguarda allí a las minorías occidentalizadas,
pero en modo alguno
podemos permitir que los musulmanes
que viven con nosotros nos
impongan su ley. Pueden ir a la
mezquita y guardar el Ramadán,
pero tienen que jurar los principios
democráticos de libertad de expresión,
pluralidad política e ideológica
e igualdad sexual. Hablamos en
público, en privado allá ellos.
Las democracias occidentales
no pueden ni deben dar ni un paso
atrás frente a un islam intolerante
y atrasado. Algunos tratan de ser
más certeros: Dicen que el problema
del islam (detenido intelectualmente
en el siglo XIV) es no haber
tenido una Revolución Francesa,
madre de los «derechos del hombre
». No diría que no, pero la Historia
no se impone. Lo que sí puede
imponerse es una legislación de
respeto, al menos dentro de Europa. Los musulmanes
que viven aquí tienen que aceptar todos
los pluralismos de nuestras democracias. O
marcharse, así de rotundo. Con los países musulmanes
– hoy por hoy con clara tendencia a
un integrismo intransigente– sólo podemos pedir
la aceptación de que no hablamos el mismo
lenguaje. Para ellos es delito lo que para nosotros
es libertad de expresión más que lícita. Y a
lo más que podemos llegar es a no intervenir en
sus asuntos internos (lo que, a veces, será duro)
para que ellos acepten que la polémica, la disensión,
el epigrama o la sátira son formas irrenunciables
de nuestra libertad y nuestra cultura.
Por tanto todo respeto a Charlie Hebdo.
(Puede haber caducado)