Esplendor del islam en el Louvre

En la semana de la crisis por las caricaturas de Mahoma, el presidente Hollande inaugura las nuevas salas del museo parisino y lanza un mensaje conciliador

El Mundo, JUAN MANUEL BELLVER PARÍS CORRESPONSAL, 21-09-2012

«El gran mérito de las civilizaciones islámicas es el de ser más longevas y más tolerantes que muchos de los que pretenden hoy hablar en su nombre. Representan exactamente lo contrario del oscurantismo que entierra los principios y destruye los valores del islam introduciendo la violencia y el odio». Así de tajante se mostró François Hollande tras visitar el flamante departamento de Artes del islam que inaugura estos días el Louvre.

En plena semana de la crisis del vídeo anti-musulmán y las caricaturas de Mahoma, justo cuando Francia trata de contener las manifestaciones callejeras en defensa del honor herido del profeta, el Presidente de la República se personó la víspera de la inauguración oficial en la mayor pinacoteca del mundo para recorrer los 5.000 metros cuadrados donde a partir de ahora se irán exponiendo los fondos del museo procedentes de civilizaciones surgidas entre España y la India, entre los siglos VII y XVIII: un total de 18.000 obras creadas en tres continentes (Asia, África, Europa) a lo largo de 1.200 años de historia, de las cuales el visitante podrá ver a partir del sábado 22 tan sólo 3.000.

Y es que el patio Visconti, donde han sido alojados todos esos tesoros, no daba para más a pesar de que los milaneses Rudy Ricciotti y Mario Bellini, responsables del proyecto de reforma, hayan excavado 12 metros en el subsuelo y hayan ganado para el arte islámico toda la planta baja al cubrirla con un original techado que asemeja un inmensa alfombra voladora integrada por 16.000 triángulos de vidrio y metal dorado que hermana el estilo Segundo Imperio con Las Mil y una Noches. Veintitrés años después de que François Mitterrand inaugurara la controvertida pirámide de cristal que Ieoh Ming Pei instaló en la Cour Napoléon, esta nueva concesión del museo a la arquitectura de vanguardia evidencia su compromiso con la Francia multicultural y tiene visos de convertirse desde ya en el símbolo del Louvre del siglo XXI.

Este nuevo proyecto faraónico, con el que Jacques Chirac ya soñó en 2002, ha tenido un coste final de 100 millones de euros y ha sido financiado sólo al 57% por el Estado galo, mientras que el resto ha corrido a cargo de otros países y mecenas individuales o corporativos entre los que destacan dignatarios árabes como el rey Mohamed VI de Marruecos; el emir de Kuwait, Sabah Al-Ahmad Al-Jaber Al-Sabah; el sultán de Omán Qabus bin Said y, por encima de todos, el príncipe saudí Al-Waleed Bin Talal, que ha entregado un cheque de 17 millones.

Desde que, en verano de 2008, Nicolas Sarkozy puso la primera piedra de la obra que ha metamorfoseado para siempre el patio decimonónico que construyó Louis Visconti, el director del museo, Henri Loyrette, no veía el día de poder exhibir juntas todas estas piezas que vienen a recordarnos «la vocación universal» del Louvre así como «la aportación esencial de las civilizaciones del islam a la cultura francesa».

Aunque París ya cuenta, desde 1987, con el Instituto del Mundo Árabe, erigido por Jean Nouvel en la orilla izquierda del Sena, «faltaba poner en relieve la espléndida colección de arte relacionado con el islam que el Louvre guardaba en sus depósitos, de la cual apenas se mostraban mil obras en las salas de Arte Oriental», había anunciado Loyrette meses atrás. Y vaya si ahora lucen todos esos objetos de marchamo arábigo-andaluz, mameluco, otomano o persa, repartidos en vitrinas de cristal que siguen un orden temático y cronológico y están acertadamente arropadas por textos explicativos también en español, paneles interactivos y vídeos didácticos.

Mosaicos, esculturas, azulejos, cerámicas, tapices, paneles esculpidos, vasijas de vidrio, armas… «El nuevo departamento ayudará a disipar los fantasmas e incomprensiones suscitados en nuestros días por el islam», había prometido la directora del mismo, Sophie Makariou. Han pasado tres jefes del Estado distintos y el Louvre que en 2011 fue el museo más visitado del mundo, con 8,8 millones de entradas ya puede presumir de estar en sintonía con la Francia mestiza y de servir de ejemplo de convivencia pacífica entre las civilizaciones.

Según ha comentado a Efe Rudy Ricciotti, la espectacular malla que lo recubre todo representa el viaje de los persas a París contado por Montesquieu, sobre la singularidad recíproca y la mirada intercambiada que «obliga a aceptar las respectivas diferencias». Y este es el mensaje lanzado por Hollande en su visita de ayer: «Las mejores armas para luchar contras el fanatismo islámico están en el mismo islam».

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