El rostro invisible

El Corán no prohíbe la representación de Mahoma, pero por tradición en el mundo árabe se considera un sacrilegio

La Vanguardia, La VanguardiaGEMMA SAURA Barcelona, 20-09-2012

No es necesario ser versado en el Corán para entender que muchos musulmanes consideren blasfema una película, por más cutre que sea, que trata a su profeta de paidófilo, asesino, libidinoso e imbécil. Sin embargo, como ya ocurrió con las caricaturas de Mahoma en el 2005, la ira islámica no sólo se nutre del insulto al profeta sino también de su mera representación, sacrílega para el islam… ¿O quizás no?
Desde el Consell Islàmic de Catalunya, Jamal el Attouaki, de origen marroquí, señala que la prohibición de representación “no está reservada a Mahoma, sino que se extiende a todo lo sagrado”: Dios, los ángeles y todos los profetas, entre los cuales también Moisés o Jesús. “Lo sagrado es superior a la reproducción humana y único, no se puede reproducir”, afirma.
“Es un error muy extendido, tanto entre los musulmanes como los no musulmanes, creer que el Corán prohíbe las representaciones humanas y animales. No es así. Ni siquiera hay un solo verso en el libro sagrado que prohíba representar al profeta”, rebate Dolors Bramon, profesora de Estudios Árabes e Islámicos en la Universitat de Barcelona.
El origen del embrollo está, según Bramon, en una mala interpretación de un verso de la azora cinco, que dice: “¡Creyentes! El vino, los juegos de azar, las piedras erectas y las flechas son una abominación de Satanás. ¡Evitadlos!”. Estas “piedras” han sido a menudo traducidas como “ídolos” y, como en la tradición griega los ídolos solían ser representaciones humanas, se ha interpretado en ese sentido.
De hecho, el verso conmina a “evitar” pero no prohíbe, “cuando el Corán no tiene reparos en prohibir de forma tajante otros asuntos como el matrimonio con la madre o el consumo de cerdo, por ejemplo”, señala Bramon.
Con estas afirmaciones, la experta en el islam admite que ha dejado boquiabierta a más de una audiencia musulmana. Invitada en alguna mezquita catalana, Bramon ha mostrado a los creyentes diapositivas de bellísimas miniaturas persas, mongolas y otomanas que representan a Mahoma, a veces a rostro descubierto, otras cubierto con velo o sin rasgos, que desmienten la supuesta prohibición.
“Es en la cultura árabe donde nunca ha habido tradición de retratos ni de estatuas”, señala Bramon. Javier Rosón, analista de Casa Árabe, señala que fue después del siglo VIII cuando se dejaron de representar imágenes humanas en el arte islámico-árabe, a medida que las escuelas jurídicas suníes fueron viendo prohibiciones categóricas en los hadices (los hechos del profeta, narrados por terceras personas y no siempre considerados fiables).
“Por eso tantos musulmanes árabes creen que está prohibido, aunque los que son cultos saben que no existe ninguna base religiosa. Y por lo que respecta al resto de musulmanes (los árabes sólo son el 20% de los creyentes), antes de que estallara la polémica de las caricaturas hace unos años ¡nunca se lo habían ni planteado!”, exclama Bramon.
“Es cierto que el Corán no lo prohíbe, pero no por ello va a resultar menos insultante para los árabes la representación de su profeta. No tiene porque estar escrito, si tu tradición no lo permite te lo vas a tomar como un ataque”, reflexiona Rosón.

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