La inseguridad social
La Verdad, , 04-09-2012Desde la ‘ley de los contrarios’ del filósofo Heráclito sabemos que, verbigracia, «una cosa es considerada como buena y deseable si se reconoce su opuesto; así, el hambre hace deseable la hartura; la enfermedad hace deseable la salud». Y, en el caso que nos ocupa, «la inseguridad hace deseable la seguridad». Esto es, la inseguridad en la que nos ha sumido este Gobierno al eliminar la tarjeta sanitaria a los inmigrantes ‘irregulares’ hace deseable el retorno a la fase de seguridad/inmunidad anterior. Pues, ¿qué hacer en el caso de que algunos de estos súbditos/ciudadanos extranjeros padezcan enfermedades de transmisión?
Si se trata de ahorrar, señor Rajoy, poco vamos a hacerlo cuando lo que ha puesto usted en peligro es la salud del resto de los ciudadanos. Ningún presidente de la joven y zarandeada democracia española ha hipotecado tanto el futuro de nuestro país como vuestra usía.
En inseguridad se hallan también los millones de pensionistas que ahora se ven obligados a «copagar» (repagar) los medicamentos. ¿Qué pasa por la mente de este gobernante? La misma ley de los contrarios del filósofo presocrático nos dice que «términos opuestos describen una misma realidad». La inseguridad social hace deseable su opuesto. Hace deseable otra política, para lo cual es precisa una sensibilidad que no acierta a tener el inquilino de La Moncloa. El peligro de salud pública lo ha estrenado usted, señor Rajoy. En nombre de la ciudadanía, le exhorto a que nos ayude en esta indefensión en la que nos ha sumido su celeridad de ajustes. Ha ajustado tanto los tornillos de la mueblería nacional que ha tenido un efecto contrario al deseado, similar a los efectos secundarios de algunos fármacos. Pero, claro, el presidente no tiene ese inconveniente en su vida «normal». Dichoso él que puede ser atendido cuándo, dónde y cómo le plazca. No, señor Rajoy, las cosas no van bien, no funcionan bien. Lo hacen, al contrario, del peor modo posible. Ha cercenado los últimos motivos para ser optimista.
¿Qué haremos ahora?
Si hace introspección, usted, señor presidente, debería acometer lo contrario de lo que ha emprendido. Desandar el malévolo camino que hacia arriba significa el suplicio de los más pobres, y hacia abajo significa el costalazo que se han de dar los más ricos. Le ruego que recapacite, para no convertirse en un tirano que creíamos alejado del espectro político desde el 20 de noviembre de 1975. Sea. Ojalá que escuche esta súplica.
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