Madonna, ‘low cost’ en Niza con trasfondo político
La Vanguardia, , 23-08-2012Eran las 23.30 h del martes cuando Madonna cantó Nobody knows me, en el estadio Charles-Ehrmann de Niza. En vídeo, el rostro de Marine Le Pen, la candidata presidencial del Frente Nacional.Pero en su frente, en lugar de una cruz gamada –como el 31 de mayo en el concierto de Tel Aviv o el 14 de julio en el Stade de France–, aparecía un signo de interrogación.
“Que yo sepa, Madonna nunca había cambiado un clip”, se regocijó Gaël Nofri, del lepenista Reagrupamiento Azul Marino.Era el final del accidentado periplo francés de la cantante, denunciada por “injurias públicas” el 19 de julio por una Le Pen despectiva (“las viejas cantantes deben recurrir a maniobras como esta”), cuyo rostro cubría el de Madonna en muchos carteles.
Pero no es la multa posible, de 12.000 euros, lo que quitaría el sueño a Ciccone –54 años el jueves pasado–, sino las dudas del entorno sobre su tirón europeo y el amor de sus seguidores, en medio de una gira que la pasea por 80 países y cuatro continentes, y que culminará en el 2013 en Australia, donde la esperan –¿o ya no?– desde hace veinte años.
En Niza, las galerías Lafayette ofrecían dos entradas con una tarjeta de fidelidad de siete euros –a 3,50 euros la localidad– y los organizadores habrían regalado 4.600 tickets a las 56 municipalidades nizardas, para un sorteo entre sus funcionarios.
Ya el 18 de agosto, en Zurich, cuando condenó en escena el arresto de las tres cantantes de Pussy Riot que ofendieron a Putin, Madonna reunió 40.000 espectadores en lugar de los 70.000 de su anterior presentación, el 2008. Tal vez por todo eso, la cantante, que ya en su concierto acústico del 26 de julio en el Olympia omitió el vídeo, accedió el martes a modificarlo.
Y aquel Olympia colea: cuando el telón cayó, tras sólo 50 minutos, los aplausos se cubrieron por abucheos y hasta volaron botellas. Más tarde, la ruptura se consumó en las redes sociales.
En fin, ayer, el productor del concierto acústico, tras explicar que su montaje “costó más de un millón de dólares”, rechazó las peticiones de devolución del precio de la entrada –de 90 a 270 euros– que florecen en la red.
(Puede haber caducado)