Temor a que la sentencia derive en tensiones raciales

La Vanguardia, , 23-08-2012

Un juez sudafricano condenó ayer a cadena perpetua a Chris Mahlangu, el principal acusado del asesinato hace dos años del dirigente ultraderechista blanco Eugène Terreblanche. El líder del partido Movimiento de Resistencia Afrikáner (MRA) fue golpeado brutalmente con una hacha mientras dormía en su granja de Ventersdorp, al norte del país.

El otro acusado, menor de edad cuando ocurrieron los hechos, fue condenado a dos años de prisión condicional. El magistrado John Horn señaló que el ataque no había tenido una motivación racial sino que se debía a una disputa por unos impagos.

Horn no se creyó las graves acusaciones del condenado, quien aseguró que actuó en defensa propia porque, dijo, Terreblanche le había violado varias veces y temía que le hubiera contagiado el sida. En la escena del crimen, el cadáver del político supremacista blanco de 69 años fue hallado con los pantalones bajados y los genitales descubiertos. Según los investigadores policiales, el cofundador del MRA fue atacado mientras dormía y no pudo resistirse. Aun así, su cuerpo sufrió 28 heridas de arma blanca.

“Has cometido un crimen atroz por el que debes ser castigado. Tu conducta refleja un flagrante desprecio por la vida del fallecido”, señaló el juez. El acusado había manifestado durante el proceso que no creía haber actuado mal por haber matado a un hombre que muchos consideraban un monstruo. El abogado defensor trató de evitar la cadena perpetua alegando que su cliente iba borracho cuando cometió el crimen, y que tiene una bajo coeficiente intelectual y estaba frustrado por no haber recibido unos pagos pendientes. Según diversas fuentes, la deuda era de menos de treinta euros.

El proceso también ha destapado la ineptitud policial, ya que algunas pruebas claves fueron destruidas: nadie consideró necesario guardar y analizar lo que parecían restos de semen en los genitales de Terreblanche y no se tuvo en cuenta las leyes de protección del menor al detener e interrogar a Patrick Ndlovu, el segundo acusado, que entonces tenía 15 años. Ndlovu, que fue declarado culpable sólo de allanamiento de morada con intención de robo, mantuvo que cuando llegó a la lugar del crimen, Terreblanche ya era cadáver.

La muerte del político racista, admirador de Hitler y cuyo partido tiene un emblema parecido a la esvástica, avivó el miedo a que explotara la tensión racial. Durante su vida, Terreblanche puso todo su empeñó para que fuera así: en 1998 aceptó culpabilidad moral por una serie de atentados realizados por sus seguidores años antes para torpedear la transición a la democracia y que acabaron con la vida de 21 personas.

Terreblanche, orador brillante y violento –en el 2000 fue encarcelado tres años por intento de asesinato tras golpear a un guarda de seguridad negro–, era una de las figuras más polémicas del país, con una visión intolerante de la realidad sudafricana. “No odiamos a los negros, simplemente queremos que se mantengan fuera de nuestra tierra”, dijo una vez.

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