Assange, ‘prisionero’ en Londres

Ecuador le concede asilo político pero Gran Bretaña le niega la salida

La Vanguardia, La Vanguardia FERNANDO GARCÍA Brasilia. Corresponsal, 17-08-2012

Julian Assange, refugiado en la embajada de Ecuador en Londres desde el pasado 19 de junio, cuenta desde ayer con el asilo del país latinoamericano. Pero ahora queda lo más difícil. La medida política que ayer adoptó el Gobierno de Rafael Correa –amparada en un supuesto “riesgo para la seguridad, la integridad” y hasta “la vida” del fundador de Wikileaks, así como de posibles “represalias y persecución política” de los países afectados por sus filtraciones– en absoluto pone a salvo al australiano.
La decisión le otorga una protección limitada que no le garantiza que pueda ver materializado el asilo político viajando a Ecuador, como en principio pretende Quito con su resolución. Assange puede afrontar una larga temporada en la legación ecuatoriana mientras se busca una salida.

El ministro ecuatoriano de asuntos Exteriores, Ricardo Patiño, dio a conocer el acuerdo de su Gobierno en unos términos que, sobre todo tras la advertencia del Reino Unido de una posible entrada en la legación diplomática, evidencian un choque diplomático en toda regla y de consecuencias imprevisibles. “No somos una colonia británica. Esos tiempos ya han pasado. Ecuador es un Estado libre y soberano, no sujeto a tutelaje de ningún tipo”, dijo Patiño. El canciller se refería a la notificación en la que el Foreign Office avisaba no sólo de su negativa a conceder a Assange el necesario salvoconducto para salir de país y trasladarse a Ecuador, sino de la supuesta posibilidad legal –en virtud de un precepto británico de 1987– de que Londres revoque el estatuto diplomático de la embajada. Tal como subrayó Patiño, esa insinuación de una hipotética invasión de la misión ecuatoriana en Londres para detener a Assange choca en principio con la convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961, la cual establece la inviolabilidad de las embajadas.

Según la normativa sobre este tipo de contenciosos y de acuerdo con algunas experiencias anteriores, la permanencia de Assange en la misión donde se refugia es la opción menos arriesgada de la que dispone. En teoría, el asilo político le permitiría residir en Ecuador sin molestias. El problema es el traslado hasta el avión dentro de la capital británica. Primero, porque un coche diplomático, aunque en principio cuenta con protección según los acuerdos de Viena, “puede ser registrado en determinadas circunstancias” , indicaron fuentes jurídicas especializadas; y, sobre todo, porque Assange precisaría de un salvoconducto que Londres le niega. “No hay base legal para que Reino Unido permita la salida a alguien en esta situación”, dijo ayer el secretario de Foreign Office, William Hague.

En medios políticos y periodísticos se especulaba ayer con la hipótesis, un tanto rocambolesca, de un intento de esconder al hacker en algún recipiente sellado como valija diplomática. Eso ya se planeó de hecho una vez, en 1984, cuando el entonces gobierno golpista de Nigeria quiso secuestrar al exministro Umaru Dikko, refugiado precisamente en Londres. El plan, que fracasó por errores en la identificación de la carga, consistía en meterlo en un cajón de valija diplomática.

De vuelta a una realidad más factible y según las fuentes consultadas, Julian Assange ni siquiera podría beneficiarse de un pasaporte diplomático proporcionado por Ecuador porque la inmunidad requiere además estar acreditado ante el país de que se trate, cosa que Londres no parece dispuesto a hacer.

El canciller Patiño insistió en que Assange corre un riesgo cierto de persecución e incluso de muerte; en primera instancia por la demanda de extradición de Suecia para juzgarle por supuestos delitos sexuales, que él niega; y en segundo término, por una previsible reclamación de Estados Unidos para procesarlo por revelación de miles de documentos secretos sobre importantes despachos confidenciales que pusieron al descubierto y en muchos casos comprometieron gravemente las relaciones de Washington y sus representantes con medio mundo.

“No es imposible que –en caso de su entrega a los países que lo reclaman– Assange fuera tratado cruelmente, condenado a cadena perpetua e incluso a la pena de muerte”, sostuvo Ricardo Patiño. “Ecuador –añadió– ya está convencido de que se han violado sus derechos procesales”. El canciller anunció además la convocatoria de distintos órganos internacionales para tratar sobre las advertencias del Reino Unido, entre ellas la Organización de Estados Americanos (OEA) y Unasur.

Julian Assange tiene 41 años y obviamente espera una pronta solución de este conflicto. Sobre todo, aspira a que no le pase como al cardenal húngaro Mindszenty. Tal como hace unas semanas recordaba en estas páginas el diplomático español Carles Pérez Desoy, el prelado se refugió en 1956 en la embajada de EE.UU. en Budapest a raíz de la invasión soviética. Se entablaron negociaciones. Unas largas negociaciones. Tanto, que Mindszenty no pudo salir de la legación hasta 1971, cuando por un acuerdo con el Vaticano, se le expidió salvoconducto para viajar a Austria.

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