El populismo de Correa siempre gana
El Mundo, , 17-08-2012No es tan descabellado lo
que ha hecho Correa como
creen quienes juzgan estas
cosas con los ojos de la civilización
occidental. Él forma
parte de un puñado de países
latinoamericanos de tendencia
populista dispuestos a desenmascarar
esa civilización
por considerarla una impostura.
Desde su punto de vista,
que es también el de Caracas,
la concesión del asilo
diplomático a Julian Assange
beneficia a Quito por mucho
que la petición de extradición
de Suecia se base en
graves denuncias sexuales.
Si Londres, reinvirtiendo la
decisión anunciada ayer, otorga
el salvoconducto a Assange,
a ojos de sus muchos defensores
Ecuador habrá rescatado
la libertad de expresión
contra los intentos del imperialismo
de acabar con ella.
Desde su refugio ecuatoriano,
el asilado, aunque las convenciones
le obliguen a mantener
un disimulo, seguirá publicando
documentos comprometedores,
como lo hizo con los
76.000 que exponían distintos
aspectos de las guerras de Irak
y Afganistán, y los 251.000 cables
que contenían las comunicaciones
internas de la diplomacia
estadounidense.
Ecuador, acusado hoy por organismos
de libertad de expresión
de perseguir a periodistas
y acosar a medios de comunicación,
será pronto aclamado como
el último bastión occidental
del periodismo libre.
Si Londres cumple la amenaza
de asaltar la embajada
ecuatoriana para capturar a
Assange, la dimensión política
del caso se potenciará sustancialmente,
reduciendo a la
insignificancia las denuncias
sexuales. El Reino Unido será
acusado de violar la Convención
de Viena de 1961. Habrá
quienes lo acusen también de
violar leyes internas: no está
claro que la aprobada en
1987, a raíz de la muerte de
un policía por disparos originados
en el interior de la legación
libia, permita allanar una
embajada en este caso. La ley
exige como condición que los
ocupantes de la sede diplomática
estén violando el derecho
internacional, por ejemplo
con terrorismo. En cualquier
caso, el asalto pondrá al Reino
Unido en situación de acusado.
El argumento de que
Washington y Londres hacen
escarnio de la legalidad mundial
parecerá reivindicado.
Si Londres decide no hacer
nada concreto y Assange se
eterniza en la embajada –al
estilo del político peruano Haya
de la Torre, que permaneció
cinco años en la legación
colombiana de Lima en los
años 50–, Quito seguirá cómodamente
desde el otro lado
del charco en situación de
Gobierno justiciero. Assange
seguirá claustrofóbico y el
Reino Unido, impotente.
El relieve que ha dado Correa
a los argumentos de Julian
Assange hace que aún en
el caso de que el australiano
sea despachado a Suecia, resultará
insoportablemente
costoso para Washington pedir
una extradición. Por no
hablar de lo complicado que
será para el propio sistema jurisdiccional
sueco condenar al
australiano en un clima en el
que el acusado es ya un David
enfrentado al Goliat del secreto
de Estado de las potencias
imperiales. Game, set and
match para Correa.
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