El asilo de Julian Assange
La Verdad, 17-08-2012El gobierno ecuatoriano anunció ayer lo esperado: la concesión de asilo político a Julian Assange, un ciudadano australiano, fundador y animador de Wikileaks, la gigantesca operación de difusión de documentos reservados de muchos gobiernos en 2010. El escándalo suscitado entonces por el hecho ya acreditó una fuerte división de opiniones, con una mayoría social (los lectores) a favor de las revelaciones y una minoría (los gobiernos y algunos medios) hostiles. En este escenario y con lo sucedido ya digerido por unos y por otros y sin haber alterado el curso de las cosas, Assange tal vez se ha equivocado al optar por convertirse en un asilado político. Su decisión no tiene que ver, en realidad, con la decisión de varios tribunales británicos de enviarle a Suecia, donde está procesado por un asunto privado (un presunto asalto sexual) y él sabe de sobra que los dos países concernidos son modelo de solvencia e independencia judicial y, además, la pena que eventualmente podría imponerle un tribunal sueco sería pequeña. Le preocupa la posibilidad de ser extraditado de Suecia a los Estados Unidos, donde podría esperarle la cadena perpetua por revelación de secretos de Estado. A día de hoy, la baza jugada por el audaz australiano paraliza de hecho la acción judicial, porque, diga lo que diga la extraña nota del Foreign Office, ningún gobierno británico va a asaltar la embajada ecuatoriana en Londres. De hecho es incluso posible que allí respiren con alivio: los británicos han cumplido porque estaban obligados a atender una demanda de Suecia, pero no harán nada que vulnere la sacrosanta protección extraterritorial de una embajada por convicción y porque su gesto sería internacionalmente reprobado. Así las cosas, todo permite suponer que como en notorios precedentes (el general Noriega o el cardenal Mindszenty) se abre un largo periodo de hospedaje de Assange en la legación. Por lo demás, su elección, sin duda estimulada por el tono anti – norteamericano de la gestión del presidente ecuatoriano, no es la más adecuada: Rafael Correa no pasa por ser un defensor a ultranza de la libertad de información y algunos medios ecuatorianos lo saben muy bien.
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