Los políticos hispanos piden paso

Demócratas y republicanos impulsan a una nueva generación de líderes

La Vanguardia, , 16-08-2012
“Hay alguien ahí que ya ha nacido, y que un día liderará nuestra nación”, dijo Julián Castro al final de la jornada electoral. “En las próximas décadas podríamos ver un presidente latino”. Aquel día, el 14 de mayo del 2011, Castro fue reelegido alcalde de San Antonio (Texas) con más de un 80% de votos. Ya entonces muchos en el mundo político y mediático hablaban de este descendiente de mexicano como el Obama latino.

Las expectativas que levantaba se multiplicarán este verano. Castro ha sido elegido para pronunciar el discurso de apertura en la convención nacional demócrata, en Charlotte (Carolina del Norte), que en la primera semana de septiembre proclamará al presidente Barack Obama candidato a la reelección. El discurso de apertura – keynote speech, en inglés– marca el tono de la convención. A veces se ha utilizado para propulsar a promesas políticas.

En el 2004, un joven político de Illinois sin experiencia nacional galvanizó al país con su discurso de apertura en la convención demócrata en Boston, que lanzó la candidatura de John Kerry a la Casa Blanca.

El orador se llamaba Barack Obama. Fue la estrella. Cuatro años después, se convertiría en el primer presidente afroamericano, una minoría que representa el 13,1% de la población. Los hispanos son el 16,7%. ¿Cuándo llegará el primer presidente hispano? ¿Cómo será?

Nada está escrito sobre el futuro de Julián Castro. Durante la jornada electoral del 2011, en la que le acompañó un enviado de La Vanguardia Magazine, insistió en que sus ambiciones no van más allá de la alcaldía de San Antonio. Es el mensaje que se espera de un político con ambiciones.

Castro pertenece a una nueva generación de políticos de origen latino o hispano. Muchos son nietos de inmigrantes . Pese a no hablar castellano o hacerlo con dificultades, preservan la identidad latina. Han aprovechado el sistema meritocrático estadounidense para formarse en las mejores universidades. Y suceden a la generación del exgobernador de Nuevo México Bill Richardson, el exsecretario de Vivienda Henry Cisneros o el alcalde de Los Ángeles, Antonio Villaraigosa: promesas cuyas esperanzas de ser, algún día, el primer presidente latino, se diluyeron en escándalos o errores políticos.

La diferencia es que, entonces, los nombres con mayor proyección eran demócratas. Ahora la mayoría son republicanos. Castro es la excepción.

Y es una paradoja a la que nadie encuentra respuesta clara. La mayoría de latinos vota demócrata: la retórica de mano dura con los inmigrantes que cultivan los líderes republicanos asusta al segmento demográfico más pujante.

Según las proyecciones, en el 2050 los hispanos representarán un tercio de la población. Su peso electoral será determinante. Si mantienen la fidelidad a los demócratas, los republicanos lo tendrá cuesta arriba para ganar elecciones. La demografía puede alterar el paisaje electoral.

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