Una comisión dice que la matanza de Noruega podría haberse evitado
La dura crítica de los expertos alcanza al Gobierno y a los servicios secretos
La Vanguardia, , 14-08-2012La policía y el Gobierno de Noruega recibieron ayer un durísimo varapalo por parte de la Comisión 22 de julio, el grupo independiente de expertos que durante el último año se ha encargado de examinar punto por punto el modo en que el Estado respondió al doble atentado de Oslo y Utøya. Su conclusión fue extremamente severa, al asegurar no sólo que la actuación policial podría haber sido mucho más rápida y eficaz sino incluso que la masacre en sí podría haberse evitado.
En el ataque, perpetrado por el ultraderechista Anders Berhing Breivik, fallecieron 77 personas, ocho de ellas en la explosión de una bomba en el barrio gubernamental de Oslo y las 69 restantes en la isla de Utøya, donde el terrorista disparó indiscriminadamente contra los jóvenes que participaban en un campamento de las juventudes laboristas. Alrededor de unas doscientas cincuenta personas más resultaron heridas en ambos atentados, algunas de ellas de extrema gravedad.
La comisión dejó claro que Breivik y sólo Breivik debe ser considerado responsable de lo sucedido y que su intención al evaluar la actuación de las autoridades no es buscar ningún chivo expiatorio. Dicho esto, sin embargo, los investigadores consideraron necesario indicar cuáles fueron las carencias y defectos en la gestión de la crisis para evitar que algo parecido vuelva a repetirse.
El informe, de quinientas páginas, denuncia sin medias tintas la evidente descoordinación de las fuerzas de seguridad, que se vieron claramente sobrepasadas por los hechos, así como las “debilidades” detectadas en los sistemas de comunicación y la gestión de la información, los recursos y el personal disponible.
En primer lugar, “el ataque contra el complejo gubernamental podría haberse evitado a través de la efectiva puesta en práctica de medidas de seguridad que ya habían sido previamente adoptadas”, señaló en una rueda de prensa Alexandra Bech Gjørv, la abogada que ha liderado la investigación.
Según una serie de recomendaciones aprobadas en el 2004, la calle Grubbegata, que pasa justo por delante de la sede del Gobierno, debería haberse cerrado al tráfico, en lugar de permanecer abierta. Fue precisamente esta negligencia la que permitió al terrorista acceder con increíble facilidad hasta la mismísima puerta del recinto gubernamental, justo debajo del despacho del primer ministro y del Ministerio de Justicia. Allí dejó su furgoneta cargada con 950 kilos de explosivos. La única circunstancia que impidió que la matanza fuera todavía mayor fue que el terrorista encontró ocupado por otro coche el lugar donde tenía previsto estacionar su vehículo, por lo que tuvo que dejarlo unos metros más lejos de lo previsto. Su intención era volar por completo la sede del Gobierno, un sólido edificio de 17 pisos que, si bien aguantó la explosión, quedó seriamente dañado.
Tras oír por la radio que el edificio no se había derrumbado, el terrorista tomó la determinación final de dirigirse hacia la isla de Utøya, objetivo que se había reservado en caso de que su primer ataque no fuera lo suficientemente mortífero. Fue en esta pequeña y bucólica isla donde, de hecho, provocó el mayor número de víctimas. Y fue allí también donde los sucesivos errores policiales fueron más evidentes e “inaceptables”, en palabras de la comisión.
“La capacidad de las autoridades de proteger a la gente en la isla de Utøya falló. Una operación más rápida por parte de la policía era una posibilidad realista”, señala el informe con aspereza, insistiendo en que “el autor podría haber sido detenido antes”.
Lo cierto es que pasaron tres horas enteras desde que Breivik detonó el artefacto en Oslo hasta que fue detenido en Utøya. Al terrorista, del que algunas personas ya habían sospechado tras verle alejarse apresuradamente del lugar del primer ataque armado (la central policial recibió un aviso que tardó en llegar a los agentes) y disfrazado de policía, no sólo le dio tiempo de trasladarse a la isla, que está a unos 40 kilómetros de Oslo, sino que, una vez allí, dispuso de una hora y cuarto para llevar a cabo una auténtica ejecución.
En todo este tiempo, la policía falló varias veces en su intento por llegar a la isla, situada a sólo 600 metros de la costa. Primero, no halló ningún helicóptero disponible, transporte que sin duda habría sido el más rápido. Pero es que además, la unidad encargada de llevar a cabo el rescate tuvo que pedir prestadas dos barcas privadas después de que la suya se averiara por sobrepeso.
Basándose en lo ocurrido, la conclusión de los expertos es clara: la policía noruega “necesita un cambio de arriba abajo”
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