MARÍA RAMÍREZ NUEVA YORK CORRESPONSAL

«Han matado a mi hermano como si fuera un animal»

La policía descerraja 12 tiros a un hombre negro en Times Square en Nueva York

El Mundo, , 14-08-2012

Karen lleva 34 años trabajando en la joyería familiar junto a la esquina de la Séptima Avenida con la calle 37 y dice no haber vivido nada igual a la «conmoción» del sábado por la tarde. Su tienda está a cinco manzanas de Times Square, pero este tramo suele ser más tranquilo. En lugar de teatros y cines, hay una agencia de viajes, un par de bancos y pequeñas tiendas de ropa y souvenirs.

En la joyería no había ningún cliente cuando los empleados escucharon un estruendo y vieron a una multitud corriendo por las aceras. «Parecían disturbios. No sabíamos qué pasaba. Y de pronto oímos tiros. Nos agachamos debajo del mostrador», cuenta Karen, una rubia delgada que baja la voz y se toca un medallón nerviosa al hablar del primer tiroteo de su vida.

La multitud que la asustó era de turistas y curiosos. Algunos huían y muchos hacían fotos y vídeos con sus móviles. Delante de su tienda, una veintena de policías cercaron a un afroamericano de 51 años llamado Darrius Kennedy que llevaba un cuchillo carnicero de 25 centímetros de Ikea. El hombre corría hacia atrás y gritaba: «¡Disparadme!».

Los agentes lanzaron media docena de veces gas pimienta a Kennedy, pero nada parecía afectarle. Lo habían intentado detener un rato antes junto al Hard Rock Cafe de Times Square por fumar marihuana. Y era un viejo conocido. En 2008, estuvo encarcelado 40 días por enfrentarse a la policía con un destornillador.

El sábado, en el último intento que hicieron de acercarse a él, Kennedy levantó el cuchillo y los agentes se pusieron a disparar. Le pegaron al menos 12 tiros en el torso, el brazo, la pierna y la ingle. El hombre murió poco después en el hospital. Su familia lo describe como un músico que sobrevivía limpiando edificios.

Las autoridades de Nueva York se defienden de las críticas por un posible exceso policial. «En estas circunstancias, lo que hicieron los agentes fue apropiado. Ellos también quieren volver a casa por la noche», dijo el jefe de policía, Raymond Kelly. La familia de Kennedy reprochó a la policía que no intentara desarmarle. «Podrían haberle disparado sólo en la pierna para derribarlo en lugar de matar a mi hermano así. No fueron tres disparos, fueron 12. Lo mataron como si fuera un animal», dijo Caroline Jones, hermana de Kennedy, al New York Post.

La policía «intentó hacer todo lo posible para pararlo», según el alcalde, Michael Bloomberg, preocupado por la imagen de la ciudad. «Hemos trabajado duro para traer a un montón de turistas a Times Square. Es desafortunado que fuera aquí, porque se vio mucho. Pero el mundo real es complejo y la gente lo entenderá. No encontrarán una ciudad más segura que Nueva York», dijo.

En 1990, en este barrio hubo casi 23.000 delitos, la mayoría robos. El año pasado, los crímenes registrados fueron 2.899, un 87% menos que entonces, según los datos de la comisaría de la zona. «Aquí nunca pasa nada. Es muy tranquilo. No he visto nada parecido, ni siquiera en los peores años del barrio», confirma Gregory, que trabaja desde hace 15 años en una agencia de viajes. Quienes trabajan por aquí no critican a la policía, pero reconocen que los agentes les asustaron más que el hombre del cuchillo. «Estoy contenta de que las balas no entraran aquí», reconoce Karen. Enfrente de la joyería, Stephen, un joven empleado de una tienda de vitaminas, también parece algo nervioso al hablar del tiroteo, aunque no haya sido el primero que ha vivido. «Sé como suenan los disparos. Al oírlos, llevamos a los clientes a la parte de atrás por seguridad. Ellos eran los más asustados», explica.

Algunos prefieren no hablar del «problema», como define el tiroteo un vendedor de fruta callejero indio. Un afroamericano de una tienda de ropa justifica a los agentes porque «estuvieron como tres horas persiguiendo al tipo y no podían con él».

En realidad, cuando la policía llegó a esa esquina, los testigos cuentan que todo sucedió muy deprisa. «Fue en unos pocos segundos. Sucedió así», asegura Stephen mientras chasquea los dedos.

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