Malagueños por elección
Diario Sur, , 12-08-2012El malagueño nace. Pero también se hace. En una tierra tradicionalmente abierta y acogedora, miles de extranjeros han elegido la provincia para convertirla en su nuevo hogar por razones personales o laborales. De hecho, según los datos del último padrón municipal, 291.124 personas de otros países se han afincado en Málaga, casi el 20% de la población total. De ellos, más de la mitad son europeos. A estas cifras hay que añadir otras en la sombra, difíciles de calcular con exactitud, de inmigrantes sin regularizar que también han decidido emprender aquí una nueva vida.
A nadie se le escapa que no corren buenos tiempos para los inmigrantes. Según denuncian las ONG, la crisis económica y la falta de trabajo ha provocado que afloren sentimientos xenófobos y racistas. El desempleo se ha cebado especialmente con este colectivo, y los ciudadanos autóctonos miran con recelo la competencia extranjera a la hora de acceder a un empleo. Sin embargo, son más numerosas las historias de integración efectiva y de familias que ya han echado raíces aquí.
Tres inmigrantes de Marruecos, Rusia y Nigeria que se han asentado en Málaga ponen rostro a estas cifras, hablan de la situación que están viviendo en plena crisis y explican que siguen apostando por vivir en el que ya consideran su hogar.
Una filóloga que vino llamada por la aventura
Houda El Ayyadi es de Tetuán (Marruecos). Llegó a Málaga hace ocho años para completar sus estudios de Filología Hispánica y decidió quedarse, llamada «por la aventura» de vivir en otro país y porque parte de su familia reside en la capital. En este tiempo, ha trabajado como dependienta y como mediadora en varias asociaciones de ayuda al inmigrante como Prodiversa. Le gustaría volver a su país algún día, pero no echa de menos su ciudad natal porque Málaga se le parece mucho, tanto en las costumbres como en la gente o las playas. Dice que nunca se ha sentido desplazada por ser extranjera, pero que, como en todas partes, cuando alguien tiene una mala experiencia con un foráneo, tiende a «tomar la misma postura con todos los de esa nacionalidad».
Un nigeriano que ayuda a otros inmigrantes
El caso de Endy Oji también es un ejemplo de hasta qué punto los inmigrantes han arraigado en Málaga. A sus 42 años, dice ser más malagueño que los propios autóctonos. Llegó hace trece años desde Nigeria y aquí han nacido sus dos hijos de tres años y un mes. En su país trabajó como maestro y como teleoperador, pero emigró a Europa para tener un futuro mejor que el de sus padres. Desde Holanda, viajó a Málaga para visitar a un amigo. Aún recuerda cuándo decidió quedarse en la provincia. «Estábamos en Torremolinos y vi pasar a una pareja de ancianos agarrados de la mano y conversando; pensé que éste era un buen lugar para envejecer», señala.
Actualmente trabaja como profesor de español y coordinador en la ONG Prodiversa, donde se ha convertido en uno de los referentes de la entidad. «Cada vez va creciendo mi responsabilidad en la asociación», asegura. Dice que sus hijos no se sienten extranjeros aquí porque es lo único que han vivido. Junto a su mujer, también nigeriana, han hecho amigos de todas las nacionalidades y no desean volver a su país. «Aquí somos felices», dice.
Una rusa que se prendó de España
Helena Kochtcheeva no emigró por razones económicas. De hecho, tenía un buen trabajo en su Rusia natal. Pero en el año 2001 viajó a España y se enamoró del país y de su gente. Al poco tiempo, decidió trasladarse. Eligió Málaga por casualidad. En la agencia de viajes conoció a otras dos chicas que iban a viajar a Málaga, a casa de una amiga, pero no sabían español. Hicieron un trato, ellas convencerían a su amiga para alojarla también y Helena les ayudaría con el idioma para buscar un empleo.
Desde entonces han pasado ocho años en los que Helena ha trabajado sin parar. Primero, en el servicio doméstico. Luego, dando clases de español para extranjeros en una ONG. Hasta hace un mes, cuando la Junta decidió cerrar el programa, era técnica laboral para Andalucía Oriental. Pese a estar en el desempleo, no piensa en regresar. «Ya soy parte de este lugar, me siento más partícipe de lo que pasa aquí», asegura. Como a cualquier otro malagueño, es su última opción.
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