La policía rusa desmantela una secta musulmana que vivía bajo tierra

Veintisiete niños no iban al colegio y algunos ni conocían la luz del sol

La Vanguardia, La Vanguardia GONZALO ARAGONÉS Moscú. Corresponsal, 10-08-2012

Después de vivir una década en una casa aislada con un búnker bajo tierra, las autoridades rusas han sacado de sus catacumbas a unos 70 miembros de una secta musulmana a las afueras de la ciudad de Kazán. Entre ellos había 27 niños, y las condiciones de vida de los menores pueden servir a las autoridades para disolver el grupo.
La existencia de esta secta era conocida en la región desde hacía tiempo, aunque mantenía una actitud distante con el mundo exterior y poco se conocía de sus actividades. La secta estaba situada en el pueblo de Torfianói, a las afueras de Kazán, y sus líderes consideraban el territorio que habitaban como un estado islámico independiente.

La comunidad fue fundada en los años noventa por Faizrajmán Sattárov, quien afirma que nació en 1929 en la ciudad de Ufá, capital de la república rusa de Bashkortostán. En los setenta era un prominente líder religioso musulmán de Tartaristán. En esos años declaraba tener visiones, como cuando interpretó las chispas de los cables de los trolebuses como una luz procedente de Dios.

En los años ochenta se declara enviado de Alá, lo que provoca el rechazo de los otros líderes musulmanes y del Partido Comunista de la región. Incluso se le prohíbe la entrada en las mezquitas. “En el islam se dice que no hay más profetas después de Mahoma. Por eso la doctrina de Sattárov ha provocado un rechazo tajante de los musulmanes tradicionales”, explica Raís Suleimánov, un teólogo de Kazán.
En 1992, Sattárov compró una casa en Náberezhnie-Chelní, la segunda ciudad de Tartaristán, donde organizó su madraza o escuela religiosa islámica. En 1996 se trasladó a Torfianói. En la primera década de este siglo el grupo se aisló del mundo exterior.

Los fiscales rusos, que tenían vigilado al grupo, no sabían sin embargo lo que ocurría en el interior de la casa. “A nuestro personal nunca le dejaron entrar, la parcela era un territorio privado”, ha explicado Irina Petrova, de la Fiscalía de Kazán. Hasta el momento no se habían encontrado motivos para registrar la propiedad de los faizrajmanianos, como se hacen llamar.

La oportunidad se presentó tras el asesinato del muftí adjunto de la república de Tartaristán, Valiullá Yakúpov, y del atentado fallido contra su superior, el muftí Ildus Faizov, ambos ocurridos el 19 de julio en Kazán. Enseguida se culpó del ataque a grupos de islamistas radicales, de la escuela salafista, que en los últimos años se han introducido en la región, procedentes del Cáucaso.

En el marco de la investigación, el gobierno de la república de Tartaristán declaró una lucha contra el islam no tradicional. El pasado 1 de agosto, efectivos de la policía y del FSB (el servicio secreto, una de las agencias herederas del KGB) entraron en la casa de Sattárov, en Torfianói. Oficialmente, estaban buscando armas.

Armas no se encontraron, pero sí 27 menores, de entre cinco meses y 17 años. Una de las chicas, de 17 años, estaba embarazada. Según la Fiscalía de Kazán, los niños nunca salían del territorio donde vivían (700 metros cuadrados), no iban a la escuela ni recibían atención sanitaria. Algunos de los niños nacieron allí y todavía no habían visto la luz del sol.

Cuatro miembros de la secta fueron acusados ayer de crueldad contra los menores. Según el diario Rossískaya Gazeta, las autoridades se hicieron cargo de unos 20 menores. Estaban sucios, así que el 2 de agosto les enviaron a un centro sanitario para hacerles chequeos médicos, antes de devolvérselos a sus padres.

Los miembros de la secta vivían en una desvencijada casa de tres plantas construida en ladrillo. Pero Sattárov había ordenado a sus 70 seguidores vivir en celdas que habían excavado bajo tierra en un sótano que tenía ocho niveles. Sólo unos cuantos miembros de la secta podían salir de estas catacumbas para trabajar como comerciantes en un mercado local. En la propia casa había unas 30 habitaciones de tan sólo seis metros cuadrados cada una, que ocupaban los adultos.

Las celdas del subsuelo carecían de ventilación, de calefacción y de electricidad. La casa se construyó de forma ilegal y será derruida, ha dicho la policía a los medios locales.

Al descubrir las catacumbas, la policía se puso en contacto con los servicios sociales y sanitarios, que determinaron que las instalaciones carecían de condiciones higiénicas y que no eran aptas para vivir. “Faizrajmán Sattárov había prohibido a los miembros de la comunidad ir al hospital a recibir cualquier tipo de asistencia médica. Los niños no iban a la escuela, lo que constituye una violación constitucional de los derechos de los ciudadanos, en particular en lo que se refiere a educación y sanidad, algo que es una manifestación del extremismo”, ha dicho la Fiscalía.

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