Imbroda confía en que Marruecos colabore para mantener «despejada» toda la frontera
Diario Sur, , 08-08-2012El presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla cree que Marruecos no está detrás de los incidentes de la frontera y que la buena relación entre países vecinos permitirá encontrar una solución consensuada a las concentraciones en tierra de nadie, que «deben ser despejadas», y a las agresiones que han sufrido policías españoles.
Juan José Imbroda considera que no debe permitirse que un grupo de personas se agolpen junto a la frontera y que esta debe ser «despejada». Con los incidentes que sufrieron las agentes del Cuerpo Nacional de Policía en la memoria, vuelve a «protestar enérgicamente» contra cualquier agresión o insulto que pueda sufrir la Policía, pero considera que la distancia de seguridad debe extenderse a todo el perímetro fronterizo y no limitarse a los pasos, ya que las concentraciones desembocan en otros problemas como la presión migratoria a la que está expuesta Melilla, con una inmigración ilegal continua.
El presidente asegura que las personas que protagonizan estos sucesos tienen nombre y apellido «conocidos» y recuerda que ni España ni Marruecos deben permitir que los incidentes se repitan y vayan a mayores.
«La valla debe ser despejada», aseguró, insistiendo en la necesidad de tomar medidas. Al igual que el delegado del Gobierno, cree que las autoridades marroquíes no están detrás de este problema, si bien confía en que la buena relación que actualmente existe entre ambos países sea el punto de partida para ponerle límites.
De la reunión de alto nivel entre países vecinos, en la que se abordarán por primera vez el tema de la frontera melillense, Imbroda espera que se pongan de acuerdo para alcanzar soluciones.
Preguntado por las reivindicaciones de los sindicatos policiales, dijo estar de acuerdo con ellos en que la «tierra de nadie» debe tratarse como lo que es, una zona de tránsito en la que no pueden organizarse manifestaciones. A juicio del presidente, el elevado número de personas y coches que cruzan diariamente por la aduana la convierten en un punto caliente de conflicto en el que extremar precauciones.
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