‘Reggae night’
La Vanguardia, , 07-08-2012Sabía que sonaría. “We’re jamming. I wanna jam it with you. We’re jamming, jamming and I hope you like jamming too”. Y me como por dos libras una beef patty, una especie de empanadilla rellena de buey cocinada con curry, pimienta, huevo y juraría que tomillo. En el escenario cantan reggae tres músicos, uno de ellos con un saxo, instrumento que debería merecerme más respeto, aunque desde que lo de Kenny G. se empezó a considerar música no lo he conseguido.
El olor y el humo de la barbacoa son la consecuencia de enormes e incontables trozos de pollo que son planchados para consumo de un gentío imposible de sumar. La vida da casualidades, y el día después de que Usain Bolt consiguiera el oro en la carrera de las carreras, centenares de jamaicanos celebran en Londres el cincuentenario de su independencia, el fin de más de 300 años de colonia británica. Ayer fue el día de más amor de su historia. Usain Bolt más independencia. El orgullo suda en esta gente que cuando suena reggae cierra los ojos, pero no baila, se mece. Lentamente deambula de derecha a izquierda y jammin, jammin. Y todo amarillo, verde y negro. El color y el poder de Jamaica. Todo con mucho merchandising que funciona y bien. Se ven camisetas con Bolt cruzando la línea de meta y en la espalda un “Happy birthday, Jamaica”. Orgullo a discreción. Por delante y por detrás. “Le llamamos reproud (más orgullo)”, me dice Shelly una mujer con un niño con mucho pelo menos por la zona de la nuca, donde un estropicio deja al descubierto del matorral “Bolt”.
Esta noche, para la efeméride, actúa Jimmy Cliff allí. Seguro que por eso la banda de música que toca este mediodía en la Jamaican House de Londres se atreve con Reggae night y el balanceo se convierte en un meneo, donde nos apuntamos todos a recordar que Jamaica también llenaba discotecas. “Reggae night we come together when the feelin’s right”.
Un señor que detecta que muy caribeño no soy me ofrece una cerveza Red Stripe. “Jamaican Beer”, dice. Quiere compartir este gran día de independencia y de saber que uno de los suyos es el hombre más rápido del mundo. Sonrío y le entiendo. Me invita a comer Callaloo, una indefinible crema verde caribeña donde se mezclan hojas de espinaca con cangrejo, chili y soy incapaz de definir qué más. Yoel me acompaña a buscar un trozo de pollo mientras una mujer se cruza con una camiseta jamaicana con las caras de Usain Bolt y de Bob Marley en la pechera. Mitos. Una furgoneta saca cajas de no veo qué. Leo Plantation Inn. La gente hace cola. Soy mal pensado. Al acercarme veo que sólo son especialistas en catering. Y más reggae. Jummin como filosofía de estar todos juntos. Una madre deja que fotografíe la camiseta de su niña donde se lee: “Jamaican we likkle but we tallawah”. Traduce: likkle es como los niños de allí pronuncian little (pequeños) y tallawah en jamaicano quiere decir orgulloso. Es decir: “Los jamaicanos: pequeños pero orgullosos”. Y vuelvo a sonreír meciéndome al ritmo de Marley.
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