Douglas derrumba un muro
La estadounidense es la primera gimnasta negra que gana un oro olímpico
La Vanguardia, , 03-08-2012Gabrielle Douglas, una muchachita de 16 años de Newport News (Virginia), se convirtió ayer en la gimnasta más completa de estos Juegos. También, y no es un dato menor, en la primera gimnasta negra en alcanzar el principal cajón del podio en unos Juegos. Como Alice Coachmann, en Londres 1948 –ella, en salto de altura–, Douglas pasará a la historia del olimpismo por derribar otra barrera en la guerra de las etnias. “A decir verdad, llegó a olvidárseme esa circunstancia durante la competición, pero me siento muy orgullosa de ser la primera afroamericana en ser campeona olímpica de gimnasia”, dijo Gabby, con su medalla de oro al cuello, todo sonrisas, todo naturalidad y simpatía.
Antes de los Juegos pocos esperaban que esa muchacha tendente a la desconcentración pudiera superar la elegancia de la rusa Victoria Komova, plata ayer, o la experiencia de la también rusa Aliya Mustafina, bronce por desempate con la estadounidense Raisman. De hecho, en el equipo norteamericano, apenas nadie, excepto su entrenador, creía que Douglas podría llegar a la final. Todo estaba preparado para que Jordyn Wieber, la gimnasta más laureada de los últimos años, luchara por el oro olímpico. Pero se quedó fuera de la final y Douglas pensó entonces que su momento había llegado.
Hacía dos años que había abandonado su hogar y se había ido con una familia de acogida para poder entrenarse con Liang Chow, técnico de la estadounidense Shawn Johnson, subcampeona olímpica en Pekín. “Gabby tenía mucho talento, pero necesitaba un entrenador mejor. Ella lo sabía y encontró al que mejor le podría ir: Chow es uno de los que tienen mayores conocimientos técnicos, mucha paciencia y es muy persistente”, contaba Marta Karolyi, coordinadora del equipo estadounidense, aún sorprendida por el vertiginoso progreso de Douglas. “Hace cinco meses, nadie habría apostado por ella –aseveró–; no porque le faltase talento, sino porque le faltaba concentración y confianza en sí misma”. “La verdad es que me despisto con cualquier cosa, con algo que brilla a mi lado, con lo que sea, me gusta saber qué pasa a mi alrededor y, por eso, ese ha sido el trabajo más duro”, confesó la nueva campeona olímpica.
La prueba de que lo ha conseguido son sus clasificaciones de ayer: primera en salto y en barra fija –un aparato en el que había tenido problemas–; tercera en paralelas y cuarta en suelo, el aparato que decidió el podio, en la última rotación. Al ritmo de música discotequera, Douglas clavó sus piruetas, recibió un 15,033 y se supo campeona, pese a la amenaza de Komova, que debía sacar un 15,359. La rusa hizo un ejercicio brillante, mucho más artístico que el de Douglas, pero no superó el 15,100. Se abrazó a Mustafina y se echó a llorar. El oro, en realidad, lo había perdido en la rotación de salto, donde Douglas le sacó medio punto.
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