Sin ‘hijab’, ¿no hay Juegos?

La Federación de Judo prohíbe que una saudí compita con pañuelo, lo que su país no acepta

El Mundo, JAVIER SÁNCHEZ, 27-07-2012

En unos simples dieciseisavos de
final de judo, el deporte olímpico
esperaba historia. Por vez primera,
una mujer competiría en unos Juegos
Olímpicos bajo la bandera de
Arabia Saudí. La judoca Widjan
Shahrkhani era la elegida. Enfrente
el próximo viernes 3, en el ExCel
Arena de Londres, debía tener a la
veterana puertorriqueña Melissa
Mojica en su categoría, más 78 kilogramos.
Pero el memorable evento se podría
truncar. Tras el sorteo del cuadro
ayer, el presidente de la Federación
Internacional de Judo (IJF), el
rumano Marius Vizer anunció que
la saudí, de 16 años, con sólo dos
de experiencia deportiva, no podrá
competir de ninguna de las maneras
con su habitual hijab, el pañuelo
que cubre la totalidad de su cabello.
«La deportista de Arabia Saudí
competirá con el espíritu del judo
y con sus principios, por lo que no
podrá llevar hijab», aseveró el dirigente
que, a la vez, explicó que las
judocas se suelen ayudar de la vestimenta
rival, siempre un kimono
de algodón grueso, y que si un contrincante
le tira de su pañuelo podría
provocarle importantes lesiones
en cabeza y cuello. Según él,
sería imprudente.
Tras ese anuncio, el gran interrogante
es si el Comité Olímpico de
Arabia Saudí la dejará competir. Parece
imposible. El ente cedió a las
presiones internacionales y por primera
vez envió, al igual que Qatar o
Brunei, mujeres a competir a Londres.
Pero con condiciones. Según el
propio rey Abdalá bin Abdelaziz,
Shahrkhani y la atleta de 800 metros
Sarah Attar, formada en la estadounidense
Universidad de Pepperdine,
podrían ser olímpicas pero siempre
bajo la Sharia, la ley islámica.
AShahrkhani y a Attar les requerían
«vestir conmodestia, ir acompañadas
siempre por un tutor varón
y no mezclarse con los hombres»,
además, y ahí está el conflicto, el gobernante
del país árabe exigía «que
la ropa de competición cumpla las
normas del Corán».
La judoca llegó anteayer a Londres
acompañada de su esposo y
ahora sólo puede esperar que el Comité
Olímpico Internacional (CIO)
medie entre la federación internacional
de su deporte y el organismo
de su país para poder competir. El
CIO ya intercedió por ella enviándole
una invitación sin ni siquiera haber
disputado competición alguna.
En Arabia Saudí sería ilegal. Tamaño
conflicto, entre la rigidez de unos
y otros, parece insalvable

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