La unidad como respuesta
El Mundo, , 23-07-2012La tarde transcurría con toda normalidad
el 22 de julio del año pasado
en el pacífico país de Noruega.
En el centro de Oslo algunos
paseaban tranquilamente por las
calles, otros preparaban sus maletas
para irse de fin de semana. De
repente, una bomba estalló en la
sede del Partido Socialista. Mientras
el pánico se extendía por el
centro, llegaban noticias aún peores.
En la isla de Utoya, en las
afueras de Oslo, un joven rubio
disfrazado de policía estaba disparando
contra los miembros del
AUF –Partido Socialista para Jóvenes
Noruegos– que se habían
desplazado hasta allí. Noruega estaba
sufriendo un ataque terrorista.
Nunca jamás había ocurrido
algo así en el país.
Dos días después, el primer ministro,
Jens Stoltenberg, pronunció
el discurso más importante de
su vida. Con voz emocionada y lágrimas
en sus ojos habló largamente
de las víctimas –muchas de
las cuales él conocía personalmente–.
También habló de los valores
noruegos. Dijo que los ataques
no iban a cambiar la sociedad
noruega, que seguiría siendo
fiel a sus convicciones pacifistas. Pidió que
los noruegos respondieran a los actos de
violencia con más de ese samhold (unidad)
que tanto les caracteriza y que trabajaran
todos juntos para fortalecer la democracia.
Durante meses, de norte a sur, los noruegos
inundaron masivamente las calles de
rosas y barnesang (canto de niños.) Se volcaron
con las víctimas con el deseo de
transformar sus muertes y heridas en algo
importante, dándole algún sentido a la catástrofe.
Se presentaron como voluntarios
de apoyo a sus familiares en la Cruz Roja y
Kirkens Nodhjelp (la ayuda de emergencia
de la Iglesia) y organizaron eventos en honor
de los fallecidos.
Los jóvenes del país empezaron a ver la
labor de los políticos con otros ojos, le dieron
otro valor. La juventud se dio cuenta de
que en la defensa de la democracia cada
uno de ellos tenía algo que aportar. En este
último año el país ha sido testigo de un fuerte
incremento del número de jóvenes que
desean participar en la vida política. Miles y
miles han decidido hacerse miembros de un
partido político y las listas han llegado a números
récord, desde la izquierda a la derecha.
Y en los mítines políticos para jóvenes
cada vez hay más aspirantes. Según Eskil
Pedersen, superviviente de Utoya y líder del
AUF, «son personas que previamente habían
simpatizado con la ideología política y
las propuestas de algún partido y que ahora
sienten la necesidad de participar».
Hubo elecciones generales tres meses después
de los atentados. Tras un ataque similar,
en muchos otros países el debate político probablemente
se hubiera dirigido hacia una lucha
contundente contra el terrorismo, un mayor
armamento de la policía ymás estrictas
medidas políticas. Los partidos políticos, sin
embargo, se centraron en el cuidado de los ancianos,
la educación, la comunicación y elmedio
ambiente, que son los temas que tradicionalmente
preocupan a los noruegos. Ningún
partido intentó aprovechar los atentados en su
favor. Volvió a ganar por un amplio margen el
Partido Socialista. Es sorprendente pero, durante
la campaña, los políticos –la mayoría de
ellos sin guardaespaldas– andaban entre la
gente como antes. Hablaban largamente con
los ciudadanos, escuchaban sus opiniones.
Si uno pasa hoy por el centro de Oslo, no
nota gran diferencia en relación con el año
pasado. La gente sigue paseando tranquilamente
por las calles, continúa con su vida
normal. No se ve mucha policía y nadie parece
preocuparse por la seguridad. Pero hay
un lugar que ha cambiado radicalmente: la
manzana de los edificios del Gobierno. Han
levantado barreras de cuatro metros de altura
alrededor de casi todo el complejo con
algunas calles cerradas al tráfico. Los autobuses
han cambiado su itinerario y, en general,
la zona está bastante abandonada. De
momento, los políticos trabajan fuera hasta
que se decida si se derriban o no los edificios.
El Gobierno ha llegado a la conclusión
de que es el pueblo el que tiene que tomar
esa decisión. De hecho, han abierto un blog
en el que la gente opine.
Para los noruegos es de lamayor importancia
aprender de lo que ocurrió el año pasado.
Por ello, los diferentes partidos se
pusieron de acuerdo para crear la
Comisión del 22 de Julio pocas semanas
después de los atentados. Es
un órgano independiente y tiene como
fin estudiar a fondo todo lo que
pasó antes, durante y después de
los atentados, incluyendo la actuación
de la policía y la del Gobierno.
Su intención no es buscar culpables,
el país entero confía en que cada
uno hizo lo que pudo durante los
atentados. Lo que quieren es encontrar
y combatir los puntos débiles
del país ymejorar los puntos fuertes.
También harán una investigación
de cómo se puede evitar en el
futuro que nazca otro utskudd (paria)
como Breivik. Estudian cómo la
enseñanza en las escuelas puede
moldear lamente de los niños para
una mejor aceptación de la sociedad
multicultural. El informe de la
Comisión será presentado al Gobierno
en agosto y señalará los pasos
que deben dar en el futuro.
Lo que parece que no va a cambiar
en mucho tiempo es el fuerte
samhold que existe entre los noruegos.
Tradicionalmente se solidarizan
los unos con los otros como
lo hacen los miembros de una
misma familia. Pero después del
22 de julio la palabra unidad ha adquirido
un significado aún mayor.
Me han contado muchas historias relacionadas
con el apoyo a las víctimas por parte de
familiares, amigos, vecinos y desconocidos.
Me viene a la memoria la de una familia que
estuvo a punto de perder a una hija en Utoya.
Pasaron muchos días a su lado en el hospital
mientras ella se recuperaba. Cuando por fin
volvieron a casa encontraron el jardín en perfecto
estado y con la puerta de la entrada cubierta
de rosas. Sus vecinos habían estado allí
cortando el césped y cuidando las flores, depositando
rosas y docenas de cartas de apoyo.
Según Pedersen, el samhold ha hecho a la
nación más sólida que nunca. «Después de
los atentados, lograr más unidad fue una decisión
política enormemente importante que
tomamos entre todos y nos ha hecho no sólo
mejores personas, sino tambiénmás fuertes.
Juntos hemos recuperado nuestras calles,
nuestra vida normal. Hemos decidido transformarNoruega
en algo mejor después de los
atentados y lo estamos haciendo con amor y
con unidad. Queremos que ésta sea conocida
como la respuesta de los noruegos al terror».
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