Mes santo

Ramadán a la guipuzcoana

LOS 7.636 musulmanes afincados en el territorio INICIAN HOY EL MES SANTO DEL ISLAM

Diario de noticias de Gipuzkoa, DONOSTIA, OIHAN VITORIA, 20-07-2012

ASÍ recibe el pueblo musulmán residente en Gipuzkoa la llegada de esta fecha tan señalada. A las 14.00 horas, las quince mezquitas del territorio congregarán a miles de musulmanes dispuestos a participar en la oración más multitudinaria del día, escuchar el sermón que va a pronunciar el imán y darle la bienvenida al Ramadán. En los centros espirituales de Tolosa y Errenteria se palpa nerviosismo en los días previos, pero con grandes dosis de entusiasmo. Tal es el desasosiego, que varios practicantes alertan de los inconvenientes que conlleva dicha tradición, los cuales se intensifican en pleno verano.

El noveno mes lunar del calendario islámico arranca hoy y concluirá el próximo 18 de agosto, aunque tal y como aclara el imán de la mezquita tolosarra, Mehdi Cherifi, el comienzo puede demorarse un día más por la aparición tardía de la luna. Serán un total de 30 días en los que los 7.636 musulmanes de Gipuzkoa no podrán beber, comer, fumar, discutir ni tener relaciones sexuales desde la salida del sol hasta el ocaso. La abstinencia será plato de mal gusto para los practicantes, que verán restringidas todas aquellas acciones que rompan el ayuno.

La tradición se celebra desde hace más de 1.400 años y siempre ocupa el mismo día del anuario islámico, que se rige por los ciclos de la luna. No en vano, la fecha nunca coincide con el calendario gregoriano, actualmente utilizado en occidente. “Cada año la fecha varía aproximadamente once días hacia atrás, por tanto, para que el Ramadán se vuelva a celebrar en invierno deben pasar 40 años”, asegura Abatouy Abdeslam, un marroquí que reside en Errenteria desde 2003 y que acude a diario a la mezquita cultural Al Mohsenin.

Este hecho perjudica seriamente el ayuno de los musulmanes. Las altas temperaturas propias del verano hacen que sea sumamente complicado cumplir con el deber de los practicantes y afecta sobre todo a las personas que trabajan expuestas al sol. “En invierno es más fácil practicar el Ramadán. Los días son más cortos, la meteorología ayuda y el sufrimiento es menor”, detalla Cherifi, un argelino afincado en Tolosa desde hace diez meses. En cualquier caso, Abdeslam y Cherifi coinciden en que es más sencillo hacer frente al Ramadán en Gipuzkoa que en sus países de origen. A pesar de añorar las típicas costumbres y la compañía familiar, ambos creen que el entorno “húmedo y montañoso” guipuzcoano posibilita aguantar mejor las horas de ayuno, ya que el calor “no es tan insoportable”. “Muchos han pasado allí las vacaciones y han vuelto para hacer el Ramadán”, relatan entre carcajadas.

DÍAS INTERMINABLES

Horas de ayuno en comunidad

El ayuno dura desde las 05.00 hasta las 22.00 horas y, en muchas ocasiones, los días se hacen “eternos” para los musulmanes que residen en el territorio. Según Abdeslam, suelen dedicar las horas de ayuno a rezar más, a indagar en la espiritualidad de uno mismo y a tratar de mejorar como persona ayudando a la gente pobre, aunque no sean practicantes. “Preparamos comida para los foráneos que no tienen familia aquí y el día 28 del Ramadán cada musulmán debe donar siete euros a los más necesitados”, especifica.

Por otro lado, el imán tolosarra incide en que es indispensable la ayuda de compatriotas y familiares que también están en ayuno. “Cada uno viene de un lugar distinto, pero intentamos crear un grupo de amigos para sentirnos como en nuestro propio país”, indica. Cherifi cuenta que aprovechan las horas libres para charlar en comunidad y leer el Corán, y así los días se hacen “más llevaderos”. “Intentamos evitar las actividades que requieren mucho esfuerzo”, puntualiza.

Tal y como anota Abdeslam, los hábitos de comida se modifican de una manera tremenda, tomando la primera comida del día al acercarse la oración del anochecer. Son casi 17 horas sin ingerir prácticamente nada, es por ello que tras el ayuno cocinan elaborados platos para las ansiadas cenas en comunidad, a fin de reponer fuerzas. Normalmente, abundan comidas que no suelen ingerir el resto del año. “Se tiende a degustar más dulces de lo habitual, y las sopas harara o las lentejas son muy frecuentes para evitar problemas de hidratación”, explica. Los dátiles y los pasteles se convierten en productos estrella dentro de los dulces por su alto valor energético que ayuda a fortalecer el cuerpo.

En esta línea, Abdeslam considera que muchos pueden aguantar la falta de comida, pero “la hidratación es la que suele causar problemas mayores”. Además, admite que hace unos años rompió el ayuno, porque a causa de un dolor en la muela, mientras trabajaba en la tela asfáltica de Oiar-tzun, no pudo aguantar sin beber ni comer. “Me mareé y tuve que dejar el ayuno para mejorar mi estado de salud”, añade. Ante estos casos, el musulmán que ha infringido la “ley” de ayuno debe recuperar el día al terminar el Ramadán. “En caso contrario, se deberá ayunar durante dos meses o, en caso de tener fondos económicos, dar de comer a 60 personas como castigo”, apuntilla Abdeslam, en relación a los incidentes más extraordinarios.

El Ramadán constituye uno de los cinco órganos pilares del Islam: el testimonio, la oración, el ayuno, la limosna y la peregrinación o el viaje a la Meca. En ese sentido, Cherifi y Abdeslam recalcan que “es un esfuerzo agradecido”. “Cuanto más nos sacrifiquemos, Alá nos lo reconocerá y nuestro trabajo se verá recompensado”, manifiestan. Para los musulmanes es un mes consagrado al ayuno, la reflexión, el perdón y la oración. “Alá ha dado once meses al hombre y reclama uno para sí mismo”, señala Cherifi. Ambos confiesan que alguna vez se han planteado dejar de lado la tradición, ya que es “durísima”. Pero como están seguros de que en el caso de no practicarla les ocurriría algo adverso, siempre han sido fieles a su fe, sus creencias y sus costumbres familiares.

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