Una barriada con mucho potencial

Las Provincias, TOMÁS RAMÍREZ FOTOGRAFÍA: DANI MADRIGAL |, 02-07-2012

ALICANTE. Delimitado por la avenida de Jijona, la calle Jaime Segarra, que le separa de Carolinas Altas, y las calles Alcalde Suárez Llanos y San Carlos, el barrio de Carolinas Bajas se muestra a los ojos del visitante como un núcleo de población urbanísticamente consolidado, en el que residen casi diez mil personas que habitan en bloques de viviendas de tres y cuatro alturas. Estas construcciones conforman una fisonomía urbana nada singular, entre la que llaman la atención las casas de planta baja de la calle Nicasio Camilo Jover. Casas que nos hacen recordar que el barrio de Carolinas se empieza a formar a finales del XIX , cuando se construyen casitas de planta baja desperdigadas en el extrarradio al norte de la ciudad. Viviendas que surgen impulsadas por el asentamiento de obreros agrícolas y de la fábrica de tabacos instalada en el barrio de San Antón, con el que limita, y que creció en torno a lo que hoy son las calles Valencia y Sevilla.

Como señalan los estudiosos, la propia situación del barrio motivó que durante años estuviese olvidado. Una situación que ahora, más de un siglo después y a juzgar por las manifestaciones de los vecinos, se repite. Consideran que el Ayuntamiento tiene abandonada esta zona de la ciudad, que presenta evidentes signos de deterioro urbano y para muchos también riesgo de exclusión social .

Para Carlos Arribas, miembro de la Colla Ecologista d’Alacant que tiene su sede en la calle Tabarca de Carolinas Bajas, este barrio cuenta con muchas potencialidades que han de aprovecharse, como es su proximidad al centro de la ciudad. También se halla cerca de equipamientos culturales como el Auditorio de la Diputación y Las Cigarreras, que ocupa el espacio de la antigua fábrica de tabacos. Arribas destaca que «una de las principales carencias que tiene es de zonas verdes».

De hecho la plaza de Castellón, popularmente conocida como Les Palmeretes, es uno de los escasos espacios públicos a los que pueden acudir los vecinos, lo que la convierte por su céntrica situación en el lugar en torno al cual gira la vida del barrio, y al que por la tarde – noche, cuando se oculta el sol, acude la chiquillería a disfrutar de los juegos y de su tiempo libre. Francisca Alemañ, vecina del barrio, que transita por la plaza con un carrito camino de la compra en algún establecimiento comercial de la calle Poeta Zorrilla, refiere que el barrio está abandonado y coincide con otras mujeres que se acercan a dar su opinión al afirmar que se ha degradado. Una situación que les lleva a reclamar del Ayuntamiento una decidida actuación para impulsar el barrio y recuperar la actividad económica y social de la que ahora carece la zona de Carolinas Bajas.

Una intervención que pasa necesariamente, y en esto coinciden todos los residentes con los que hablamos, por el arreglo de edificios que ofrecen una imagen de grave deterioro. Una situación de abandono que los residentes achacan a la nula actuación municipal para realizar una labor de mantenimiento de esta zona de la ciudad y exigir a los propietarios el arreglo y conservación de los inmuebles.

«Antes se estaba mejor, había más dinamismo y vivíamos más tranquilos», asegura una vecina que reconoce que el barrio languidece poco a poco. Unos signos de decadencia a los que contribuyen también los numerosos pequeños comercios que han cerrado sus puertas. Para José Manuel Sánchez, que regenta una panadería en la calle Poeta Zorrilla, muchos de los cierres son consecuencia de la crisis económica, «pero también por el traslado del mercadillo de Campoamor, nos ha perjudicado mucho», señala, al tiempo que recuerda cómo el mercadillo generaba mucho tránsito de gente y beneficiaba al pequeño y mediano comercio.

Ahora muchos establecimientos han bajado las persianas definitivamente o se han trasladado a otros barrios de la ciudad más atractivos, como el estudio de la popular fotógrafa Reme Vélez, tiendas de comestibles, de ropa confeccionada o establecimientos de hostelería.

Carolinas Bajas cuenta con una población de 9.849 habitantes, según el padrón municipal del año pasado, de los que un alto porcentaje son personas mayores, además de una población inmigrante de más de 2.700 personas que se han instalado en el barrio porque el precio del alquiler o compra de viviendas es más barato que en otras zonas de Alicante. Los extranjeros representan una cuarta parte de la población. Como asegura Juan Carlos Breso, un joven que trabaja en la cantina del local social de la tienda de productos ecológicos Mercatrèmol, «lo mejor que tiene el barrio son sus gentes, que son muy abiertas».

Todos recuerdan el pasado reciente, en el que el barrio, y especialmente la plaza de Les Palmeretes, era un espacio en el que el tráfico de drogas al menudeo estaba a la orden del día y originaba conflictos en la convivencia vecinal. Ahora reconocen que el grado de conflictividad ha bajado mucho por la presión policial, pero muchos de los vecinos consultados echan en falta una mayor presencia de agentes que eviten los problemas de inseguridad. Aseguran que en cambio, a la hora de poner multas a los coches, sí que se nota la presencia de la Policía Local.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)