Cero en conducta

La Eurocopa demuestra que España no practica el respeto a la diversidad

La Vanguardia, Ramon Solsona, 29-06-2012

El cero a cero del partido de anteayer tiene un cierto valor simbólico, porque el cero se ha incorporado al lenguaje de una manera tan rápida como antinatural. Hoy se oye a diestro y siniestro que tal equipo ha tenido cero ocasiones de gol (en vez de decir que no ha tenido ninguna) o que alguien tiene cero ganas de hacer una cosa (vamos, que no le apetece). El origen de esta aberración idiomática fueron las campañas llamadas zero tolerance que se promovieron en Estados Unidos contra la delincuencia, especialmente la del alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani en 1994.

La expresión es hoy un cliché lingüístico global que expresa la voluntad firme de combatir delitos y actos socialmente peligrosos sin indulgencia ni excepciones. Esto llegó cuando la palabra tolerancia se había convertido en un tótem del multiculturalismo, a pesar de que es no es la expresión más afortunada, porque tolerar al otro puede sugerir soportarlo de mala gana. La tolerancia de altos valores democráticos choca semánticamente con la tolerancia cero, que quiere decir intolerancia, intransigencia, hasta el punto de que cada vez se oye más el extraño híbrido intolerancia cero. ¡Menudo oxímoron!

España ha hecho de la tolerancia y la intolerancia conceptos confusos e intercambiables. Sólo hay que ver al público español en la Eurocopa, justo cuando la competición repite constantemente el lema “Respect”. Es un llamamiento al público, esta masa humana que en los estadios fusiona los cerebros en uno solo. Puesto que la bestia unificada es propensa a las respuestas primarias que se conocen como bajas pasiones, hace tiempo que la UEFA y la FIFA se afanan en impedir que el fútbol sea la coartada de la violencia y el racismo. Pero Spain is different.

El lema entero de la Eurocopa es “Respect diversity”. En la práctica, varias aficiones han protagonizado episodios contrarios a este propósito. Como la de España, que tiene por costumbre silbar los himnos de los rivales. Ya lo hizo en el amistoso previo a la Eurocopa que jugó contra China en Sevilla y lo ha repetido ahora, con especial intensidad en los partidos de la selección contra Italia y Francia. Los italianos presentaron una queja formal y, además, la UEFA ha abierto otro expediente por los insultos racistas del público español a Balotelli.

El mismo día de la semifinal, la prensa confirmaba que Villar indultará a Mourinho. “¿Indulto o insulto?”, se preguntaba ayer Màrius Carol en esta página. No hablamos de un objeto lanzado anónimamente al césped, sino de una agresión premeditada de un alto cargo técnico que tiene el deber de la ejemplaridad. Anteayer varios medios madrileños explicaban que la RFEF “no cederá a las presiones del Barça” y que incluso había “tranquilizado” al Madrid asegurando que el indulto se hará efectivo. Yo no sé si se realizó o no esta gestión tranquilizadora, pero encaja perfectamente con la ambigua tolerancia/intolerancia cero del fútbol español. ¿Sólo del fútbol?

España tiene un problema grave con la diversidad. Se llena la boca de tolerancias cero por mil causas, pero es intolerante con quien habla diferente o quiere ser diferente. Cada día tenemos ejemplos a montones, pero no pasa nada. La intransigencia es una enfermedad recidivante convertida en deporte nacional. Que yo sepa, ningún estadio ha sido sancionado por insultar a los catalanes o a los vascos, un hecho que debe de ser normal e incluso sano. Por esta ruda naturalidad, Ronaldo recibió una salva de pitos mientras leía un manifiesto… ¡contra la intolerancia! Cristiano es fanfarrón y antipático, sí, pero el mismo abucheo habría recibido cualquier compañero suyo. El carpetovetónico tiene una alma –ahora le llaman ADN– que lo empuja a manifestar una superioridad de macho alfa, aunque en el fondo no sea más que un mindundi.

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