Sociedad
Crece la prostitución entre guipuzcoanas sin recursos y con hijos a su cargo
Tienen entre 25 y 40 años y venden su cuerpo tras un proceso de separación
El servicio Aukera denuncia que ambulatorios del territorio impiden tramitar la tarjeta sanitaria a trabajadoras del sector
Donostia. La población autóctona comienza a coquetear con la prostitución. El primer semestre del año ha permitido constatar lo que hasta ahora raramente ocurría, al menos, con la frecuencia con la que se viene registrando: mujeres guipuzcoanas, de entre 25 y 40 años, con hijos a su cargo, se están viendo abocadas a vender su cuerpo porque no encuentran otra alternativa para salir adelante. Todas ellas están separadas, y su situación de desempleo les ha dejado entre la espada y la pared.
Lo vienen observando en los últimos meses desde el centro Aukera, el servicio de referencia en Gipuzkoa donde estas mujeres encuentran orientación y apoyo. Hasta ahora, el estigma que rodea al viejo oficio impedía que muchas de estas mujeres decidieran acercarse al centro, en buena medida por la vergüenza que sienten en un territorio “en el que nos conocemos todos”. Los contactos con las trabajadoras del centro han comenzado a ser ahora cada vez más frecuentes, por lo que aflora esta nueva realidad.
El servicio de orientación atiende a una media de 600 mujeres, repartidas entre pisos y clubes de Tolosa, Irun y Donostialdea. Pero la prostitución está muy diseminada. Solo en Donostia hay unos 75 pisos y se estima que el número real de meretrices en Gipuzkoa ronda las 1.200 mujeres.
La mayor parte de ellas proviene de América Latina, concretamente de Colombia y Brasil. En segundo lugar están las mujeres del Este, a las que siguen las del Magreb, África Subsahariana y Europa occidental. Ahora, durante estos primeros meses del año, se ha modificado ligeramente esa fotografía.
Sandra Martínez, educadora en el centro Aukera, observa que son varias las situaciones que rodean a la población autóctona que cae en la prostitución. “Por un lado, hay mujeres que nunca habían ejercido pero llegan aquí porque han perdido el empleo. En otros casos, hay otras que anteriormente habían trabado contacto pero lo dejaron porque cambiaron de escenario laboral y ahora se han visto obligadas a retornar porque se han quedado sin nada”. Otras se inician, simplemente, porque no ven otra salida.
pisos diurnos Estas mujeres generalmente ejercen en pisos diurnos. Cuentan con una red social, por lo que van a trabajar a los locales y luego regresan a sus casas a dormir, donde les aguarda la familia. Es un sistema de funcionamiento muy diferente al del colectivo inmigrante que reside en pisos las 24 horas al día. Personas que viven donde ejercen, habitualmente, en unas condiciones de gran vulnerabilidad.
Y tanto unas como otras, no es precisamente un camino de rosas el que encuentran. A las dificultades propias de un oficio de estas características, que siempre conlleva un elevado riesgo para salud, se añaden otras propias de los tiempos que corren. En época de crisis, uno de los primeros tijeretazos se lo lleva siempre el ocio, al que pertenece el sector de la prostitución. “Los clientes son los mismos, pero si antes iban tres o cuatro veces al mes, ahora van una”, revela la psicóloga Amaia Lasheras. “Hay muchas chicas trabajando y poco trabajo”, resume.
Esta situación provoca serias dificultades para mantener los niveles de profesionalización de antes. No solo ha caído la demanda de los servicios sino que el cliente “aprovecha la coyuntura” para solicitar prácticas que conllevan mayor riesgo, como es el sexo sin preservativo.
Las tarifas también han caído. En Gipuzkoa siempre ha existido un precio estándar: unos 50 euros la media hora de encuentro sexual y unos cien cuando la cita se prolonga una hora. Actualmente, en el primero de los casos se pagan ahora 30 euros. “Entre que cada vez hay menos trabajo y que los precios han bajado muchísimo, cuesta poder sobrevivir también en este sector”, remarca Lasheras.
Más aún teniendo en cuenta que muchas de estas mujeres tienen establecido un reparto de beneficios al 50% con los dueños de los pisos, por lo que se estrecha el margen de ingresos, lo que está provocando una gran movilidad geográfica a otras zonas con más actividad.
los recortes La educadora muestra su preocupación por la repercusión que puede tener en el sector a partir del 1 de septiembre la actual política de recortes. En concreto, las cortapisas que pueden vivir las personas en situación administrativa irregular que quieran acceder al sistema sanitario.
A pesar de que Euskadi ha manifestado reiteradamente que no aplicará esta serie de recortes, la realidad parece ser otra bien distinta. “Estamos teniendo problemas exclusivamente en Gipuzkoa, cosa que no pasa en Bizkaia ni Álava. Hay mujeres que están intentando tramitar la tarjeta sanitaria, y diferentes ambulatorios les piden estar dadas de alta en la Seguridad Social. En caso contrario, la solución que se les da es que se incluyan como beneficiarias de alguien que ya está cotizando”. Martínez reconoce su preocupación por las consecuencias: “Depender de otras personas puede dar lugar a relaciones insanas y de poder”.
Así, a pesar de no haber llegado ninguna comunicación oficial al respecto, las trabajadoras del sector dicen haber comenzado a padecer las consecuencias. “El ejercicio de la prostitución está en una situación de alegalidad, no está reconocida como una profesión, y si además del empadronamiento a partir de ahora se les pide cotización, nos tememos que van a quedar fuera del sistema sanitario”. Hasta ahora muchas prostitutas cotizaban a través del servicio doméstico, algo que no podrán seguir haciendo a partir del 1 de julio, cuando entra en vigor la reforma de la ley.
Martínez advierte de que el peligro no solo acecha a las mujeres extranjeras. “Es una situación que va a acabar afectando a mujeres autóctonas. De hecho, hemos tenido experiencias de mujeres de aquí que simplemente por extraviar la tarjeta sanitaria han atravesado dificultades para poder tramitarla”, alerta.
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