"Aita, ¿nosotros somos pobres?"

En Euskadi ya hay niños que no se alimentan o medican bien debido a la crisis

Deia, A. Rodríguez, 17-06-2012

Bilbao

La pregunta es incómoda como pocas y cada vez más chavales se la plantean a sus padres en Euskadi: “¿Nosotros somos pobres?”. Miguel Ángel Esnaola, coordinador del programa de infancia de Cáritas Bizkaia, aconseja aprovechar el aprieto para explicarles “cuál es la situación familiar y no introducirles en una burbuja que tarde o temprano va a estallar”. De paso, añade, hay que ayudarles a valorar lo que se considera importante. “Se les puede decir: Aita está buscando trabajo y tenemos menos dinero, pero ahora tiene más tiempo para que vayamos a pasear juntos y eso es algo que nos gusta”.

Los últimos informes dados a conocer por Unicef y Cáritas alertan del incremento de la pobreza infantil debido a la crisis. Un hecho al que Euskadi no es ajeno y que hace mella en aspectos fundamentales para el desarrollo del niño, como la alimentación, la salud o la educación. “Hay niños que este año no han recibido beca para el comedor. No es que dejen de comer, lo hacen en casa, pero si la familia lo está pasando mal, repercute en los hábitos alimenticios. Curiosamente a veces eso se traduce en una obesidad infantil, que también va creciendo”, advierte Esnaola.

Aunque los menores tienen garantizada la atención sanitaria, no sucede lo mismo con todos los medicamentos. “Hay niños con problemas respiratorios o asma que, dado que sus familias tienen que costear parte de los tratamientos, no pueden seguir la pauta marcada por el médico. Entonces, lo hacen con menos frecuencia”, indica el coordinador de infancia de Cáritas.

El acceso a un centro educativo también lo tienen asegurado, pero cada vez se les hace más cuesta arriba. “Los niños son como esponjas. Si en casa hay una tensión porque los aitas han perdido el trabajo o porque hay muchas dificultades para llegar a final de mes, todo eso está afectando en su estado anímico y en su rendimiento escolar”, señala Esnaola. A eso se suman las dificultades para afrontar gastos derivados de la educación, como el uniforme, el material o las actividades extraescolares.

Pobres por primera vez La pobreza, que se concentra en “los núcleos de población más amplios, como el Gran Bilbao o la Margen Izquierda”, se está colando en hogares donde nunca había hecho acto de presencia. “Actualmente estamos viendo cómo está afectando a familias que tenían una relativa estabilidad económica, con unos ingresos regulares. La pérdida de empleo o una separación, lo que conlleva una reducción del núcleo familiar, están incidiendo en que haya un mayor número de niños que anteriormente tenían los recursos básicos necesarios para vivir y ahora no”, explica el portavoz de Cáritas. “Esto no significa – aclara – que los hijos de todas las familias que se encuentran en una situación de desempleo estén bajo el umbral de la pobreza, porque igual disponen de apoyo familiar o tienen unos ahorros”.

Las personas que han sido desahuciadas y muchos inmigrantes también están en la cuerda floja, lo que repercute en los más pequeños. “Tener que volver al hogar familiar o convivir con otra familia incide en cómo el niño puede llevar adelante su proceso de escolarización y de relaciones. La población inmigrante también se está viendo muy afectada por la crisis. Por lo tanto, también sus hijos”, subraya Esnaola, quien no ve el futuro muy esperanzador. “Desgraciadamente los índices de pobreza infantil son siempre superiores al de la media de la sociedad y las previsiones, realmente, no son muy halagüeñas”.

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