La presencia en Barcelona de manteros que huyen alocados ante la persecución policial crea situaciones de riesgo
Estampidas ambulantes
La Vanguardia, , 12-06-2012Barcelona en su versión estival contiene siempre estampas que empujan al optimismo. Terrazas de bar rebosantes de clientes, jornadas luminosas, soles radiantes… Pero el confort lleva consigo ciertos inconvenientes. Florecen moradores de las aceras que se prodigan menos en otras épocas del año. Una de estas figuras es el mantero. El vendedor ambulante que se instala en cualquier esquina bien concurrida. Busca puntos de anclaje que garanticen una gran cantidad de personal de paso. Ese cliente potencial es el turista. Los manteros trabajan con fuerza ya en el centro de la ciudad. Sus nuevos comportamientos, demostrados ya durante la campaña del 2011, se han consolidado: plantan cara a la actuación de la Guardia Urbana o son capaces de atropellar a cualquiera o poner en riesgo su vida para evitar al acción inspectora.
Patrulleros entrevistados por este diario coinciden en señalar que los vendedores ambulantes, mayoritariamente subsaharianos, se están volviendo cada vez más hostiles. Además de la clásica estampida, ahora utilizan una técnica recién descubierta que consiste en dejar retrasados a un par de miembros del grupo que acaban abandonando los fardos con la mercancía. Sin embargo, cuando los agentes los alcanzan, en el interior de los hatillos no hay más que cartones, envoltorios y papeles.
En lo que no ha habido cambios es en la búsqueda de refugio en el metro. El mantero utiliza la red del suburbano como zona franca. Sabe que la Guardia Urbana tiene órdenes que señalan que no deben perseguir las estampidas cuando estas se trasladan al metro. Se pone en riesgo la integridad de los pasajeros, de los policías y de los perseguidos, y ello porque los vendedores ambulantes hacen lo que sea por no ser alcanzados. El domingo sí hubo persecución de manteros en el metro, en la estación de Drassanes. Un portavoz de la Guardia Urbana dijo que se bajó a los andenes porque un vigilante de la estación pidió ayuda cuando los vendedores llegaron en tropel huyendo de los agentes.
Los vendedores no tuvieron reparo alguno en saltar a las vías para pasar de un andén a otro ante la presencia de los policías, que tuvieron, incluso, que sacar sus porras extensibles y enfrentarse con algunos de los vendedores en fuga que les plantaron cara. Llegaron a arrojar sobre los guardias parte de la mercancía, como algunos bolsos. Un vendedor fue detenido porque tenía pendiente un ingreso en prisión.
Por la tarde, en otra redada en el Port Vell, se produjo otra estampida que llevó a que numerosos vendedores ambulantes saltaran a la calzada de la ronda Litoral para sorpresa de los conductores, que tuvieron que esquivarlos.
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