La contradicción polaca

Pese a sufrir los horrores del nazismo, en el país proliferan los grupos ultra

La Voz de Galicia, Eva Krawczyk, 08-06-2012

«Prohibido el ingreso de judíos». El escalofriante mensaje no forma parte de un museo en recuerdo de la ocupación nazi de Polonia durante la Segunda Guerra Mundial, sino que es una pegatina antisemita que está hoy en día a la venta en un negocio a pocos metros del estadio del Widzew Lodz.

La discriminación, el odio y la violencia son algunas de las mayores preocupaciones en Polonia a pocas horas del inicio de la Eurocopa. «Odiamos a todos» o «sin piedad con los visitantes» son dos de las frases de algunas camisetas del polémico negocio, investigado por la Fiscalía de Lodz después de que indignados lectores del Gazeta Wyborcza alertaran al diario.

Pese a que la incitación al odio étnico y religioso y la negación del Holocausto están prohibidos en Polonia, la acción de grupos de extrema derecha, a veces junto a hooligans, siguen acaparando las primeras planas de los diarios. Esvásticas en cementerios judíos y cánticos antisemitas en las canchas generan preocupación, y no solo en Lodz.

Seminarios contra el racismo

La organización antifascista Nigdy wiecej (Nunca más) contabilizó entre septiembre del 2009 y marzo del 2011 unos 133 actos extremistas en los estadios polacos. Y, según sus miembros, se trata solo de la punta del iceberg. La organización ya anunció la realización de seminarios contra el racismo para sensibilizar a los hinchas antes de la Eurocopa.

Una nueva ley sobre la seguridad en eventos masivos procurará evitar que durante el torneo se repitan los incidentes violentos que suelen ensombrecer la Liga polaca. La venta de cada entrada requerirá de una identificación personal, de modo que los hinchas con acceso prohibido a los estadios no puedan evadir la norma. También se contempla la realización de juicios sumarios en los propios estadios.

¿Pero qué pasa con las formas latentes de violencia? Según un estudio de la Fundación Friedrich Ebert, el antisemitismo y la intolerancia se han extendido de forma alarmante en Polonia y otros países de Europa central. El estudio revela que uno de cada dos encuestados piensa que los judíos tienen demasiada influencia en Polonia; más del 70 % de los polacos consultados consideran que su propia cultura debería ser protegida de la influencia extranjera, y casi el 42 % creen en una «jerarquía natural» entre pueblos negros y blancos.

Los horrores del pasado

Los datos no dejan de llamar la atención en Polonia, uno de los países que más sufrió los horrores del pasado nazi. Unos seis millones de polacos, entre ellos tres millones de judíos, murieron como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, la invasión de Alemania y el Holocausto. Polonia fue uno de los epicentros del terror nacionalsocialista con los campos de concentración de Auschwitz, Majdanek, Sobibor, Treblinka y Belzec.

Y sin embargo, desde hace unos años tiene un espacio en el Parlamento la Liga de las Familias Polacas, un partido nacionalista de derecha que se reivindica como heredero político del Partido Nacional Democrático de Roman Dmowski, acusado de desarrollar a principios de siglo una política hostil hacia las minorías y de aplicar cuotas de ingreso a los judíos en las universidades.

El problema de la intolerancia en Polonia no se circunscribe a un reducido grupo de jóvenes rapados con botas militares.

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